Valoración de OCRE ante la última propuesta de Conselleria para conseguir un acuerdo con sindicatos

Mucha movilización, poca ruptura

Después más de una semana de huelga, manifestaciones masivas y un clima de agotamiento evidente en los centros educativos valencianos, la propuesta de acuerdo entre Conselleria y sindicatos constituye la prueba palpable de que estamos gestionando consecuencias sin atrevernos a discutir las causas.

Basta observar qué tipo de vocabulario domina el acuerdo: simplificación, digitalización, interoperabilidad, procedimientos, seguimiento, implantación, coordinación, plataformas, evaluación, calendario, comisión técnica. Todo respira administración. Gestión. Arquitectura burocrática. Muy poco habla del modelo educativo.

Eso es preocupante, porque el malestar que ha estallado estos meses probablemente era mucho más profundo de lo que el propio acuerdo parece asumir.

Ratios: nos proponen alivio parcial, pero sin tocar el aula real. Necesitamos soluciones ya

La reducción de ratios era una reivindicación lógica y necesaria. Nadie que haya pisado un aula puede negar que trabajar con menos alumnos mejora condiciones de trabajo y atención educativa. El problema es que el acuerdo plantea reducciones progresivas, lentas y muy condicionadas a futuras negociaciones y disponibilidades presupuestarias.

La burocracia: se nos plantean el uso de la IA para generarla

Para lograr simplificación burocrática se nos promete digitalizar el problema. No solucionarlo. Aquí aparece probablemente la contradicción más grande de todo el documento. Porque el profesorado lleva años denunciando precisamente la expansión constante de plataformas, registros, documentación y procedimientos administrativos. Sin embargo, cuando uno lee las soluciones propuestas descubre que la mayor parte consisten en más estructura tecnológica: expediente digital docente, integración de plataformas, automatización de documentos, interoperabilidad de datos, inteligencia artificial para generar documentación.

El sistema genera una cantidad delirante de burocracia pedagógica y luego propone resolverlo usando IA para producir automáticamente esa misma burocracia. Como si el problema fuera que todavía rellenamos demasiados formularios a mano. La pregunta es: ¿por qué la escuela necesita producir semejante volumen de trazabilidad administrativa para demostrar continuamente que está educando?

La burocracia actual no es un accidente. Es una consecuencia directa del modelo competencial y de la obsesión contemporánea por convertir cualquier aprendizaje en algo permanentemente registrable, evaluable y monitorizable. Y eso el acuerdo no lo discute. Lo moderniza.

Plantillas docentes: muchas palabras, poca sensación de cambio…”ya llegará

El apartado de plantillas deja un regusto a provisionalidad administrativa especialmente sangrante. Se habla de revisiones, actualizaciones, estudios técnicos, comisiones de seguimiento y calendarios futuros. Todo bastante razonable sobre el papel. Sin embargo, después de una movilización tan fuerte uno esperaría medidas más claramente definidas y menos dependientes de desarrollos posteriores. Da la sensación de que buena parte del acuerdo queda todavía suspendida en un espacio nebuloso donde las cosas “se estudiarán”, “se revisarán” o “se negociarán”.

Infraestructuras: celebrar lo que debería ser normal

Las mejoras en climatización, accesibilidad o atención a centros afectados por la DANA son necesarias. Faltaría más. Pero hay algo un poco triste en tener que presentar como grandes avances cuestiones que deberían formar parte del mantenimiento ordinario de cualquier sistema educativo mínimamente serio. Estamos tan acostumbrados a funcionar tan mal que se acaba celebrando simplemente que algunas cosas básicas empiecen a hacerse.

Inclusión educativa: más estructura, más protocolos, más complejidad

Aquí conviene ir con cuidado porque nadie discute la necesidad de recursos reales para alumnado con necesidades específicas. Pero, si observamos la lógica del sistema, veremos que cada dificultad educativa genera nuevas figuras técnicas, nuevos protocolos, nuevos procedimientos, nuevos informes, nuevas coordinaciones y nuevas capas administrativas. Todo parece resolverse añadiendo estructura organizativa.

Y, mientras tanto, sigue sin abrirse una discusión seria sobre los límites materiales y pedagógicos del modelo inclusivo actual, sobre la imposibilidad práctica de atender adecuadamente situaciones enormemente complejas dentro de aulas cada vez más tensionadas y sobre el impacto que toda esta arquitectura burocrática tiene sobre el propio trabajo docente.

Formación Profesional: el vocabulario ya lo dice todo

El apartado de FP probablemente sea el más transparente ideológicamente de todo el documento. Ni siquiera hace falta interpretar demasiado. Basta observar cómo habla el texto. El acuerdo mira constantemente hacia la ocupabilidad, la adaptación flexible al tejido productivo y la conexión permanente con las necesidades empresariales. El propio vocabulario deja bastante clara una determinada concepción de la educación: la escuela entendida sobre todo como mecanismo de adaptación continua a demandas económicas cambiantes.

Y mientras tanto, la formación cultural, intelectual o humanística va desapareciendo silenciosamente del horizonte. No porque alguien lo diga abiertamente. Peor todavía: porque ya casi ni hace falta decirlo.

Condiciones salariales: poca respuesta para tanta tensión acumulada

La subida salarial anunciada seguramente aliviará algo. Nadie desprecia mejoras económicas en un contexto inflacionario. Pero existe una gran desproporción entre la magnitud de la movilización y la dimensión final de muchas de las concesiones. Los sindicatos hacen bien obligando ahora a la Conselleria a apagar incendios. Faltaría más. El profesorado necesitaba respuestas inmediatas y parte de esas mejoras probablemente aliviarán algo la situación en los centros.

Cuidado, porque, cuando se disipe el humo, seguirá ahí el mismo modelo educativo que lleva años acumulando gasolina por todas partes: la hipertrofia burocrática, la inflación metodológica, la digitalización convertida en fin en sí mismo, la supresión progresiva del conocimiento, la destrucción lenta de la autoridad intelectual del docente.

Y mientras nadie quiera discutir seriamente eso, los incendios volverán. Antes o después.

 

Asociación OCRE (Observatori Crític de la Realitat Educativa, www.asociacionocre.org)

 

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