La jugada del 5 de junio: cómo la Conselleria cambió las reglas (y por qué los sindicatos cayeron en la trampa)

Hay una treta vieja como el mundo: cambiar las reglas cuando el contrario está agotado. La Conselleria de Educación la ha ejecutado el pasado 5 de junio. Y los sindicatos, visiblemente descolocados, no supieron cómo reaccionar.

No se trata de quién tiene razón. Se trata de quién ha leído mejor la partida. Y esta partida la ha ganado la administración.

Pero conviene no confundir una victoria táctica con una victoria de fondo. La jugada ha sido efectiva, pero también ha sido tramposa. Y eso, a la larga, acabará teniendo un coste.

El antes: meses de dominio sindical

Desde que comenzó la huelga indefinida el 11 de mayo, los sindicatos habían controlado el relato. Tenían la calle. Retransmitían sus asambleas. Denunciaban la falta de documentación, los ultimátums, el comportamiento de «matón de bar» de la Conselleria. Pedían transparencia. Exigían actas.

Y tenían razón. La Conselleria había estado mareando la perdiz. Documentación tarde y mal. Ultimátums. Estrategias de reparto de información discutibles. Por momentos, el comportamiento era el de un matón de bar: «esto es lo que hay, si no os gusta, ya sabéis».

Pero los sindicatos se durmieron en su superioridad moral. Pensaban que el relato era suyo y que nadie se lo iba a quitar. No contaban con que la Conselleria estaba preparando una contraofensiva.

La antesala: el domingo 31 de mayo

El domingo 31 de mayo, la Conselleria denunció que había sido «sitiada» por los manifestantes. Los sindicatos negaron el bloqueo y denunciaron las cargas policiales que dejaron una docente herida. La reunión se alargó hasta las 2 de la madrugada. Los representantes de CSIF y ANPE salieron escoltados. Altos cargos, técnicos y estos dos sindicatos pasaron la noche en la Conselleria porque, según declararon, no se les garantizaba su seguridad.

Los mayoritarios (STEPV, CCOO, UGT) salieron antes, entre aplausos. Los minoritarios se quedaron atrapados. Esa imagen fue la primera grieta en la unidad sindical. No la provocó la Conselleria. La provocó la propia dinámica del conflicto. Pero la administración supo aprovecharla.

El gol: 5 de junio de 2026

La sesión del 5 de junio fue una operación de inteligencia táctica. Analicemos los movimientos.

Jugada 1: transparencia en directo (sin avisar). La Conselleria ha hecho lo que los sindicatos llevaban meses exigiendo: ha retransmitido la sesión en streaming. Pero no les había avisado. Los representantes sindicales llegaron a la reunión sin saber que iban a ser grabados. ¿Cómo van a quejarse ahora? No pueden. Pero el formato les incomoda. Saben que cualquier titubeo quedará grabado. Y los titubeos no tardan en llegar.

Jugada 2: un documento impecable (que no habían recibido). La Conselleria ha entregado una propuesta de acuerdo con presentación cuidada, cuadro sinóptico, estructura clara. Nada que ver con los borradores mal maquetados de otras veces. Incluso piden disculpas por un error de impresión. Solo hay un problema: no habían enviado el documento a los sindicatos con antelación, como es preceptivo. Los representantes sindicales lo recibieron en la misma reunión, sin tiempo para estudiarlo, sin posibilidad de consultar a sus equipos. Tienen que reaccionar sobre la marcha. Y se nota.

Jugada 3: el Plan EduClima en pantalla. En medio de la presentación, la Conselleria anuncia 140 millones para climatizar las aulas hasta 2029. Lo anuncia en directo, sabiendo que miles de docentes están pendientes de la retransmisión. Los sindicatos no pueden rechazar un plan de climatización delante de sus afiliados. Pero tampoco pueden aceptarlo sin más, porque conocen el historial de promesas incumplidas. Quedan atrapados.

Jugada 4: cambio de tono. La administración ha dejado los ultimátums. Ahora habla con un tono conciliador, casi pedagógico. Explica cada punto. Pide disculpas. Reconoce las prisas. «No esperamos que nos deis una respuesta hoy», llegan a decir. Los sindicatos, en cambio, aparecen nerviosos, quejándose de que no han tenido tiempo de estudiar el documento, pidiendo recesos, consultando a sus órganos internos.

La trampa de la administración: lo que no se vio en directo

La jugada fue eficaz, pero no fue limpia. La Conselleria retransmitió la sesión sin avisar: no fue un gesto de transparencia, fue una jugada de presión. Entregó el documento en la misma reunión, sin el preceptivo envío previo: eso no es «agilidad negociadora», es una vulneración del procedimiento, y fue deliberada. Anunció el Plan EduClima en directo, sabiendo que los sindicatos no podrían rechazarlo sin quedar mal delante de sus afiliados. Y cambió a un tono más conciliador para parecer la parte razonable. No son ilegalidades. Son trampas. Y en la negociación colectiva, la confianza se rompe por acciones como estas.

Los sindicatos: descolocados y desunidos

La retransmisión es elocuente. STEPV se queja de que no ha recibido la documentación con antelación. Es una queja legítima. Pero el espectador que ve la retransmisión no entra en tecnicismos. Ve a un sindicalista quejándose mientras la Conselleria presenta un plan de 3.338 millones.

ANPE se enreda en explicaciones sobre sus «órganos estatutarios». Parece más preocupado por su funcionamiento interno que por el contenido del acuerdo.

CSIF, que ya firmó la parte retributiva, interviene con un discurso justificativo de su estrategia sindical, pero incluso ellos reconocen que necesitan consultar.

CCOO y UGT se centran en reclamaciones concretas: el valenciano, las ratios, la FP. Críticas legítimas, pero que parecen detalles menores en medio de un acuerdo global de 3.338 millones.

La impresión es de desunión. Se tiran pullitas entre ellos. Uno de los representantes llega a decir: «el que no ha venido a las negociaciones tendrá sus motivos». Improvisan. No tienen una respuesta clara.

Lo que OCRE ya advirtió

Hay algo más profundo que explica esta situación. Durante los ocho años del Botànic, la relación entre la Conselleria y los sindicatos fue de una cercanía que difuminaba los límites de lo que debe ser una oposición sindical.  El entramado de poder tenía nombre y apellido. El conseller era afiliado a STEPV, el sindicato hegemónico en la Mesa Sectorial. Su secretario Autonómico tenía vínculos con CCOO. En este ecosistema, la línea entre administración y sindicato se difuminó por completo. No había tensión porque no había necesidad de tensión. La administración era «de los nuestros». Las reuniones eran predecibles. Los acuerdos, pactados. Mientras tanto, los problemas se enquistaban: aulas sin climatizar, fondos europeos perdidos, interinidad galopante.

OCRE lo advirtió entonces. No gustó. Pero lo dijo.

La excepción fue UGT. Con una representación testimonial durante aquellos años, sin apenas voz en la Mesa, no tenía nada que perder. Y por eso luchó. Contra los ámbitos. Contra la imposición. Se ganó a pulso la representación que ahora tiene.

Los demás, instalados en la comodidad de la mayoría, perdieron reflejos. Se desentrenaron. Ahora, con una administración que no es «de los nuestros», no saben jugar en campo contrario. Y el 5 de junio lo demostró.

Mientras tanto, fuera de la Mesa: CGT

Hay otro dato que no puede pasarse por alto. CGT no tiene representación en la Mesa Sectorial. Nunca la ha tenido. Y sin embargo, mientras los sindicatos de la Mesa se enredaban en debates sobre el formato del documento, CGT hacía lo que había que hacer: denunciar a la Inspección de Trabajo.

Resultado: 15 requerimientos urgentes contra la Conselleria. Plazos concretos. Aire acondicionado en camino para quince centros. No porque la administración lo decidiera. Porque un juez se lo ordenó.

«No entendemos cómo ningún sindicato ha sido capaz de hacerlo con los años que llevan sentándose en las mesas de representación del sector», declaró Inma Sellés, de CGT.

Tiene razón. CGT, desde fuera, ha conseguido más en unos meses que el resto en décadas.

La guerra del relato ha terminado

Durante semanas, los sindicatos han sido los dueños del relato. Tenían la calle. Tenían la indignación. Tenían la razón moral. Pero la Conselleria ha cambiado las reglas.

Ahora, la administración aparece como la parte razonable. La que se sienta a negociar. La que presenta documentos bien hechos. La que retransmite las sesiones. La que anuncia planes de climatización. La que pide disculpas.

Los sindicatos aparecen como los que siempre piden más. Los que nunca están contentos. Los que necesitan consultar a sus órganos internos antes de decidir nada. Los que se quejan del formato cuando el fondo es más que razonable.

No es justo. Los sindicatos tienen razón en muchas de sus demandas. El Plan EduClima es insuficiente. Los plazos son demasiado largos. El historial de la Conselleria es nefasto. Pero la guerra del relato no es una guerra de razones. Es una guerra de percepciones. Y la percepción, después del 5 de junio, ha cambiado.

Conclusión

La Conselleria ha jugado esta partida con inteligencia táctica. Ha esperado el momento oportuno. Ha estudiado a sus rivales. Ha preparado una jugada diseñada para descolocar. Y la ha ejecutado con precisión, saltándose (quizá) algunos protocolos.

Los sindicatos han llegado sin los deberes hechos. Han confiado demasiado en su superioridad moral. No han anticipado el cambio de estrategia. Han pagado los años de parálisis y comodidad durante el Botànic. Han caído de pie cambiado.

Pero conviene no confundir una victoria táctica con una victoria de fondo. La Conselleria ha ganado una batalla. El partido, sin embargo, no ha acabado. Y la forma en que se ha ganado esta batalla —sin avisar, sin enviar la documentación, cambiando las reglas sobre la marcha— dice mucho de quiénes son. También de cómo juegan.

Tomen nota. El partido sigue, y no olviden que todos queremos que se acabe pronto y que quien gane sea la Educación Pública.

 

Autora: Susana Navarro, miembro de OCRE.

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