Valoración de OCRE ante la última propuesta de Conselleria para conseguir un acuerdo con sindicatos

Mucha movilización, poca ruptura

Después más de una semana de huelga, manifestaciones masivas y un clima de agotamiento evidente en los centros educativos valencianos, la propuesta de acuerdo entre Conselleria y sindicatos constituye la prueba palpable de que estamos gestionando consecuencias sin atrevernos a discutir las causas.

Basta observar qué tipo de vocabulario domina el acuerdo: simplificación, digitalización, interoperabilidad, procedimientos, seguimiento, implantación, coordinación, plataformas, evaluación, calendario, comisión técnica. Todo respira administración. Gestión. Arquitectura burocrática. Muy poco habla del modelo educativo.

Eso es preocupante, porque el malestar que ha estallado estos meses probablemente era mucho más profundo de lo que el propio acuerdo parece asumir.

Ratios: nos proponen alivio parcial, pero sin tocar el aula real. Necesitamos soluciones ya

La reducción de ratios era una reivindicación lógica y necesaria. Nadie que haya pisado un aula puede negar que trabajar con menos alumnos mejora condiciones de trabajo y atención educativa. El problema es que el acuerdo plantea reducciones progresivas, lentas y muy condicionadas a futuras negociaciones y disponibilidades presupuestarias.

La burocracia: se nos plantean el uso de la IA para generarla

Para lograr simplificación burocrática se nos promete digitalizar el problema. No solucionarlo. Aquí aparece probablemente la contradicción más grande de todo el documento. Porque el profesorado lleva años denunciando precisamente la expansión constante de plataformas, registros, documentación y procedimientos administrativos. Sin embargo, cuando uno lee las soluciones propuestas descubre que la mayor parte consisten en más estructura tecnológica: expediente digital docente, integración de plataformas, automatización de documentos, interoperabilidad de datos, inteligencia artificial para generar documentación.

El sistema genera una cantidad delirante de burocracia pedagógica y luego propone resolverlo usando IA para producir automáticamente esa misma burocracia. Como si el problema fuera que todavía rellenamos demasiados formularios a mano. La pregunta es: ¿por qué la escuela necesita producir semejante volumen de trazabilidad administrativa para demostrar continuamente que está educando?

La burocracia actual no es un accidente. Es una consecuencia directa del modelo competencial y de la obsesión contemporánea por convertir cualquier aprendizaje en algo permanentemente registrable, evaluable y monitorizable. Y eso el acuerdo no lo discute. Lo moderniza.

Plantillas docentes: muchas palabras, poca sensación de cambio…”ya llegará

El apartado de plantillas deja un regusto a provisionalidad administrativa especialmente sangrante. Se habla de revisiones, actualizaciones, estudios técnicos, comisiones de seguimiento y calendarios futuros. Todo bastante razonable sobre el papel. Sin embargo, después de una movilización tan fuerte uno esperaría medidas más claramente definidas y menos dependientes de desarrollos posteriores. Da la sensación de que buena parte del acuerdo queda todavía suspendida en un espacio nebuloso donde las cosas “se estudiarán”, “se revisarán” o “se negociarán”.

Infraestructuras: celebrar lo que debería ser normal

Las mejoras en climatización, accesibilidad o atención a centros afectados por la DANA son necesarias. Faltaría más. Pero hay algo un poco triste en tener que presentar como grandes avances cuestiones que deberían formar parte del mantenimiento ordinario de cualquier sistema educativo mínimamente serio. Estamos tan acostumbrados a funcionar tan mal que se acaba celebrando simplemente que algunas cosas básicas empiecen a hacerse.

Inclusión educativa: más estructura, más protocolos, más complejidad

Aquí conviene ir con cuidado porque nadie discute la necesidad de recursos reales para alumnado con necesidades específicas. Pero, si observamos la lógica del sistema, veremos que cada dificultad educativa genera nuevas figuras técnicas, nuevos protocolos, nuevos procedimientos, nuevos informes, nuevas coordinaciones y nuevas capas administrativas. Todo parece resolverse añadiendo estructura organizativa.

Y, mientras tanto, sigue sin abrirse una discusión seria sobre los límites materiales y pedagógicos del modelo inclusivo actual, sobre la imposibilidad práctica de atender adecuadamente situaciones enormemente complejas dentro de aulas cada vez más tensionadas y sobre el impacto que toda esta arquitectura burocrática tiene sobre el propio trabajo docente.

Formación Profesional: el vocabulario ya lo dice todo

El apartado de FP probablemente sea el más transparente ideológicamente de todo el documento. Ni siquiera hace falta interpretar demasiado. Basta observar cómo habla el texto. El acuerdo mira constantemente hacia la ocupabilidad, la adaptación flexible al tejido productivo y la conexión permanente con las necesidades empresariales. El propio vocabulario deja bastante clara una determinada concepción de la educación: la escuela entendida sobre todo como mecanismo de adaptación continua a demandas económicas cambiantes.

Y mientras tanto, la formación cultural, intelectual o humanística va desapareciendo silenciosamente del horizonte. No porque alguien lo diga abiertamente. Peor todavía: porque ya casi ni hace falta decirlo.

Condiciones salariales: poca respuesta para tanta tensión acumulada

La subida salarial anunciada seguramente aliviará algo. Nadie desprecia mejoras económicas en un contexto inflacionario. Pero existe una gran desproporción entre la magnitud de la movilización y la dimensión final de muchas de las concesiones. Los sindicatos hacen bien obligando ahora a la Conselleria a apagar incendios. Faltaría más. El profesorado necesitaba respuestas inmediatas y parte de esas mejoras probablemente aliviarán algo la situación en los centros.

Cuidado, porque, cuando se disipe el humo, seguirá ahí el mismo modelo educativo que lleva años acumulando gasolina por todas partes: la hipertrofia burocrática, la inflación metodológica, la digitalización convertida en fin en sí mismo, la supresión progresiva del conocimiento, la destrucción lenta de la autoridad intelectual del docente.

Y mientras nadie quiera discutir seriamente eso, los incendios volverán. Antes o después.

 

Asociación OCRE (Observatori Crític de la Realitat Educativa, www.asociacionocre.org)

 

Las recientes y actuales huelgas educativas en Asturias, Madrid, Catalunya, Comunitat Valenciana, Aragón, …, nos ofrecen una oportunidad de reflexión y acción conjunta a nivel estatal

La huelga educativa valenciana ha llenado las calles como no ocurría desde hace décadas. Decenas de miles de docentes, estudiantes y familias han salido a protestar contra el deterioro paulatino de la educación: ratios elevadas, burocracia desbordante, falta de personal, infraestructuras insuficientes y una sensación creciente de agotamiento dentro de los centros educativos. Como también ocurrió en Asturias o está pasando en Madrid, Catalunya o Aragón.

Y conviene decirlo claramente desde el principio: esta movilización generalizada es una buena noticia.

Lo es porque la educación pública necesita recuperar capacidad de respuesta colectiva después de años de resignación y desgaste silencioso. Lo es porque muchos problemas que hoy se denuncian llevan demasiado tiempo normalizados. Y lo es porque resulta saludable que el malestar acumulado deje de vivirse de forma aislada y vuelva a expresarse públicamente.

Sin embargo, precisamente porque esta movilización es importante, quizá también sea un buen momento para plantear algunas preguntas incómodas que llevan demasiado tiempo fuera del debate educativo.

Porque buena parte de los problemas que hoy se denuncian no aparecieron ayer. Las ratios elevadas, la burocracia creciente o la sensación de desorientación pedagógica ya estaban presentes hace años. Y, sin embargo, durante mucho tiempo apenas generaron protesta social significativa.
Esto nos obliga a profundizar un poco más en el tema.

Asociaciones como OCRE llevan tiempo advirtiendo de que el deterioro educativo no puede entenderse únicamente como un problema de financiación o de gestión administrativa. El paradigma pedagógico imperante, basado en la adquisición de competencias, se ha consolidado en España, como en otros sistemas educativos occidentales, durante las últimas décadas y con diferentes gobiernos de diversa índole.

Esta llamada “educación por competencias” se presentó como una modernización necesaria de la enseñanza. El objetivo declarado era construir una escuela más flexible, más inclusiva y más adaptada a las nuevas realidades sociales. Sin embargo, tras años de implantación, empiezan a hacerse visibles algunas fatales consecuencias difíciles de ignorar.

La burocracia se ha convertido en una presencia asfixiante dentro de los centros: programaciones cada vez más extensas, situaciones de aprendizaje hipertrofiadas, rúbricas omnipresentes, plataformas digitales, indicadores, formularios e informes que consumen una enorme cantidad de tiempo y energía. Muchos docentes sienten que pasan más horas justificando administrativamente su trabajo que preparando clases o profundizando en los contenidos que enseñan.

Pero quizá el problema más delicado sea otro: la paulatina desaparición del valor de los contenidos (saberes) y de la necesidad de su transmisión. Durante años, el discurso pedagógico dominante ha insistido en que memorizar conocimientos era algo anticuado, que lo importante era “aprender a aprender” y que los contenidos debían ceder espacio al desarrollo de competencias transversales. El problema es que ningún alumno puede desarrollar pensamiento crítico, capacidad de análisis o verdadera autonomía intelectual sobre la nada. El conocimiento no es un añadido secundario del aprendizaje: es su condición básica.

Sin embargo, la sensación de todos, cada vez más extendida en muchos niveles educativos, es precisamente la contraria, observamos: menos profundidad en el saber, más fragmentación y una creciente dificultad para consolidar conocimientos sólidos y duraderos.

Esta discusión suele caricaturizarse rápidamente como un enfrentamiento entre innovación y nostalgia, entre modernidad y “profesaurismo”. Pero el debate real es mucho más serio. Lo que está en juego no es la defensa de una escuela memorística del pasado. Las preguntas fundamentales son: ¿qué conocimientos consideramos valiosos transmitir? y ¿qué tipo de ciudadanía queremos formar?

Porque una educación que reduce progresivamente el peso de los contenidos comunes termina generando desigualdades más profundas, no menos. Las familias con mayores recursos pueden compensar fuera de la escuela muchas carencias del sistema mediante apoyo cultural, academias o acompañamiento educativo. Pero, para una gran parte del alumnado, especialmente el más vulnerable, la escuela pública sigue siendo el principal espacio de acceso al conocimiento estructurado. Cuando ese acceso se debilita, quienes más pierden son precisamente quienes menos alternativas tienen. Por eso también urge defender la autoridad del profesorado para garantizar un ambiente de aprendizaje digno y seguro para todo el alumnado.

Por eso la huelga actual podría convertirse en una oportunidad importante si consigue abrir también una reflexión de fondo sobre el rumbo educativo de las últimas décadas.

Es imprescindible reclamar mejores condiciones laborales, más inversión y menos burocracia. Pero quizá también haya llegado el momento de preguntarse hasta qué punto esa misma burocracia nace de un modelo pedagógico obsesionado por medir, registrar y documentarlo todo mientras el conocimiento pierde centralidad dentro del aula.

Defender la educación pública no debería consistir únicamente en mantener el sistema funcionando a cualquier precio. También implica preguntarse qué tipo de escuela estamos construyendo y si realmente estamos ofreciendo a las nuevas generaciones una formación intelectual sólida, exigente y emancipadora.

 

Asociación OCRE (Observatori Crític de la Realitat Educativa, www.asociacionocre.org)

 

COMUNICADO DE OCRE: APOYO A LA MOVILIZACIÓN DOCENTE Y REIVINDICACIÓN DEL RIGOR

Ante la huelga indefinida de docentes en la Comunitat Valenciana

La Asociación OCRE (Observatorio Crítico de la Realidad Educativa, asociacionocre.org) manifiesta su respaldo a los docentes de la Comunitat Valenciana en su actual huelga indefinida. Nuestra adhesión responde a la urgencia de recuperar las condiciones materiales y pedagógicas mínimas que permitan una instrucción pública de calidad.

Como observatorio crítico, apoyamos los puntos centrales de la convocatoria sindical, los cuales consideramos requisitos previos indispensables para el ejercicio de nuestra profesión:

1. Mejora de las condiciones laborales y retributivas

La pérdida de poder adquisitivo y el estancamiento de las condiciones de trabajo degradan la función docente. Es imperativo que la Administración reconozca la labor de quienes sostienen el sistema con un marco laboral digno y justo.

2. Reducción de la burocracia paralizante

El docente se ve forzado a dedicar una parte ingente de su jornada a tareas administrativas vacías. Exigimos que se eliminen los registros innecesarios y se simplifique la gestión para que el profesor pueda volver a centrarse en su función esencial: preparar clases de calidad para asegurarse la transmisión del conocimiento.

3. Reducción de ratios y refuerzo de plantillas para apoyar a la diversidad

La masificación de las aulas hace inviable el rigor académico y la atención debida. Apoyamos la demanda de una reducción de ratios en todos los niveles y la cobertura inmediata de todas las sustituciones, garantizando la estabilidad de los proyectos educativos. El profesorado necesita tiempo para la preparación de sus materias y para atender la complejidad creciente de las aulas con recursos reales y no solo teóricos.

4. Infraestructuras dignas frente a la precariedad ambiental

Es inadmisible que la actividad intelectual se pretenda desarrollar en aulas que alcanzan temperaturas extremas, convirtiéndose en auténticos hornos o congeladores (dependiendo del calendario) que anulan cualquier capacidad de concentración y esfuerzo. Exigimos un plan de climatización y adecuación de las infraestructuras educativas que respete la normativa de salud laboral. El estudio y la transmisión del saber requieren un entorno físico que no atente contra la integridad y la dignidad de docentes y alumnos.

 

Desde la Asociación OCRE apoyamos sin fisuras estas demandas y recordamos que también es necesario:

  • La defensa de los contenidos y el conocimiento con currículos claros y estructurados frente a la deriva de la «pedagogía del entretenimiento».
  • La exigencia de un entorno escolar basado en el estudio y el silencio, lejos de las distracciones tecnológicas que degradan la capacidad de atención y que permitan una convivencia y un ambiente de trabajo para garantizar un aprendizaje digno y seguro para todo el alumnado.
  • El fin del laberinto que supone la “evaluación competencial”, devolviendo al proceso evaluativo su valor real como indicador de aprendizaje y que garantice la condición imprescindible del esfuerzo para progresar académicamente.

«Instruir requiere dignidad laboral, pero también un marco pedagógico que respete la verdad y el esfuerzo intelectual.»

Instamos a la Conselleria de Educación a negociar soluciones estructurales y a los sindicatos a no perder de vista que la mejora de nuestras condiciones es el medio para alcanzar un fin superior: una educación pública, la única accesible para todos, basada en el saber.

 

Comunitat Valenciana, a 12 de mayo de 2026

Asociación OCRE (Observatori Crític de la Realitat Educativa, asociacionocre.org)

RECOGIDA DE FIRMAS: POR UNA NUEVA LEY DE EDUCACIÓN QUE DEVUELVA LA DIGNIDAD Y LA SENSATEZ AL SISTEMA EDUCATIVO

El problema

La gran mayoría de los docentes y las docentes de todas las etapas educativas preuniversitarias de la educación pública estamos enormemente preocupados por la deriva que está tomando el actual sistema educativo. Cada vez se hace más difícil impartir conocimientos en las aulas, así como desempeñar nuestro trabajo en unas condiciones suficientemente dignas. Los centros educativos se están convirtiendo, cada vez más, en centros asistenciales y están dejando de cumplir su principal papel, el formativo. Además, nos consta que también un gran número de las familias de nuestro alumnado muestran preocupación por el deterioro del sistema educativo público.

A esta situación se ha llegado a causa de diversos factores, pero, sin duda, han jugado un papel relevante las sucesivas reformas educativas, que no han sabido dar respuesta a las necesidades de la educación en cada momento. Y la explicación a esto es que dichas reformas nunca han sido propuestas desde una actitud reflexiva y mediante un análisis crítico de la situación de partida, ni teniendo en cuenta lo que ocurre en el aula, sino que, más bien, han surgido al albor de la última moda pedagógica del momento. Modas pedagógicas que carecen del suficiente rigor científico, y que han sido aplicadas de forma dogmática y sin los recursos ni los presupuestos necesarios. La última reforma educativa, la LOMLOE, adolece de los mismos defectos, y, tras llevar varios cursos vigente, tampoco parece que vaya a resolver los problemas de nuestro actual sistema educativo, ya que no hace sino ahondar en las carencias de las leyes anteriores.

Por ello, el Colectivo larevoluciondelatiza, la Fundación Episteme, la Asociación OCRE y la Asociación APFM, en nombre de un gran número de docentes, pide con urgencia a la Sra. Ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón Jaime, que promueva la elaboración de una nueva ley educativa, derogando la actual LOMLOE. Una nueva ley que pueda dar respuesta efectiva a las necesidades de nuestro alumnado, para que puedan adquirir una formación adecuada para su futuro profesional, y, también, para que puedan formarse integralmente como ciudadanos críticos y responsables.

Para que esto pueda conseguirse, la citada nueva ley debería de partir de ciertas premisas, que consideramos imprescindibles y que exponemos a continuación:

  1. Debe ser una ley realmente consensuada con los docentes y las docentes, quienes conocen de forma real la problemática de las aulas, lugar donde se concretan los aprendizajes.
  2. Debe establecerse un currículo centrado en los conocimientos, y no en elementos más ambiguos como las competencias (como ocurre con la actual LOMLOE), difíciles de interpretar y poco eficaces como guía del proceso de enseñanza y de la evaluación del alumnado. En relación con esto, debe de haber un mayor rigor en cuanto a los criterios de promoción de curso y etapa, ya que actualmente estos son excesivamente laxos, teniendo consecuencias muy negativas para la solidez de la formación del alumnado.
  3. A la hora de proponer un modelo pedagógico, éste debe de estar libre de todo dogmatismo y de seguir la última moda, ya que, lamentablemente, esto es lo que ha venido ocurriendo en las sucesivas reformas educativas (véase el constructivismo de la LOGSE o el aprendizaje por competencias de la actual LOMLOE, entre otros). Hay que huir de teorías biensonantes, ya que esto supone una gran irresponsabilidad. Por lo tanto, el modelo deberá poseer sólidas bases científicas y empíricas que lo sustenten.
  4. La ley educativa debe de estar dotada de los suficientes recursos humanos y materiales para que los objetivos propuestos puedan ser realmente llevados a la práctica, y especialmente en la atención al alumnado con necesidades educativas específicas, algo que hasta ahora es evidente que no se ha hecho en las sucesivas reformas.
  5. Debe de aprobarse el tan esperado Estatuto Docente, entre cuyas prioridades estarán el restablecer su autoridad perdida y el devolverle la dignidad que el cargo exige. En dicho estatuto, también, se establecerán claramente cuáles son sus competencias, evitando someterlo a excesiva burocracia inútil, como actualmente ocurre, así como que deba realizar tareas que no son propias de la docencia, como la vigilancia de pasillos y patios, entre otras. Por último, deberá establecer las condiciones de su carrera profesional y dotarle de una protección laboral adecuada.
  6. Es necesario que esta ley devuelva a los órganos colegiados, especialmente al claustro, su protagonismo en la vida de los centros educativos. De esta forma, se recuperarían estos espacios de reflexión y debate tan necesarios para una gestión eficaz y democrática de los mismos. En relación con este objetivo, es importante que los claustros tengan especial peso en los procesos de selección del director o de la directora. Por salud democrática, la vigencia de dichos cargos directivos debería de limitarse a dos mandatos como máximo.
  7. Para que pueda fraguarse una reforma educativa como la que aquí se propone, es fundamental que se alcance un gran Pacto de Estado que dé estabilidad al sistema educativo. Un pacto que despolitice a dicho sistema y que permita que éste sea formulado, revisado y corregido con criterios técnicos y de eficiencia, incluyendo la evaluación de las propias leyes educativas. Para esta labor de revisión y evaluación debería crearse un organismo totalmente independiente y libre de afiliaciones políticas o sindicales, cuyos miembros fueran elegidos de forma asamblearia y atendiendo estrictamente a criterios basados en su reputación profesional. De no llevarse a cabo una reforma educativa de suficiente calado, la juventud, futuros y futuras artífices de nuestra sociedad, carecerán de una formación sólida. Esto repercutiría negativamente en sus expectativas profesionales y en su formación integral como personas. Personas que tienen que liderar los grandes cambios ante los retos actuales a los que se enfrenta nuestra sociedad, como el cambio climático, el uso adecuado de la Inteligencia Artificial, la reducción de las desigualdades, o el uso sostenible de los recursos naturales, entre otros. 

     

    ¡ Únete a nosotros y firma esta petición para la muy necesaria reforma educativa !

    Petición · POR UNA NUEVA LEY DE EDUCACIÓN QUE DEVUELVA LA DIGNIDAD Y LA SENSATEZ AL SISTEMA EDUCATIVO – España · Change.org

    Y si formas parte de alguna asociación, fundación, plataforma o cualquier organización de docentes o familias que queráis uniros a las cuatro que ya formamos parte, no dudéis en contactar con nosotros.

    Fundación EPISTEME: https://es.fundacioepisteme.cat/; Asociación OCRE » Observatorio Crítico de la Realidad Educativa»: https://asociacionocre.org/; Colectivo «larevoluciondelatiza»: https://revoluciondelatiza.blogspot.com/; APFM » Asociación de Profesores de Filosofía de Madrid»: https://profesoresfilosofia.es/

¡PARTICIPA EN VIVO! «Máster de secundaria: ¿Formación o deformación del profesorado?»

Seguimos con el ¡PARTICIPA EN VIVO! de marzo que organizamos desde la asociación OCRE.

Os recordamos que estos encuentros online tienen la peculiaridad de ser totalmente interactivos entre todas las personas que se inscriban, porque estarán en abierto de sonido y cámara, si así lo desean, participando directamente con los ponentes o participantes. Recordad que lo grabaremos para poder hacer la difusión posterior, pero para que pueda haber un poco de control entre los participantes, sólo enviaremos el enlace de acceso a las 30 primeras personas que se inscriban; así que, si os interesa el tema, no os lo penséis mucho. Y si por algún motivo no pudierais asistir os rogamos que nos enviéis un correo (associacio.ocre@gmail.com) para que podamos avisar a la siguiente persona inscrita, si hiciera falta.

Bien, pues os informamos ya de nuestro siguiente ¡PARTICIPA EN VIVO!, organizado por la asociación OCRE (Observatori Crític de la Realitat Educativa, Asociación OCRE):

Título:

«Máster de secundaria: ¿Formación o deformación del profesorado?»

¿Es necesaria la formación en pedagogía para ejercer como docente? ¿Qué tipo de formación reciben los aspirantes a ser docente en las facultades de ciencias de la educación? ¿Por qué existe tanto malestar e insatisfacción entre el alumnado del MFP? ¿Qué aspectos clave para ejercer la docencia no se tratan actualmente en la formación de los futuros maestros y profesores en nuestro país? ¿Sigue la formación de los docentes en la actualidad las aportaciones de las evidencias científicas y empíricas sobre los métodos más efectivos para el aprendizaje del alumnado? ¿Existe una desconexión entre la formación recibida por parte de los docentes en los cursos de formación y su aplicación en el aula? ¿Qué métodos alternativos al discurso pedagógico dominante para formarse tienen los docentes en la actualidad?

(para familias y docentes de cualquier etapa educativa y cualquier comunidad/ciudad autónoma)

Fecha y ponentes:

23 de marzo de 2026, entre las 18:30 y 20 horas, celebraremos una ponencia interactiva con dos profesores universitarios: Bianca Thoilliez Ruano de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y Carlos Fernández Liria de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Nuestro compañero Paco Benítez, hará de presentador, moderador y en este caso también podrá participar como profesor tutor de alumnado del máster en su IES de Castellón. Además, nos compartirá en el chat información relevante sobre los participantes; así que, por favor, mantener abierto el chat como vía de comunicación también, por si queréis escribir o preguntar algo.

En el siguiente enlace tenéis el formulario para enviar vuestras preguntas y/o inscribiros para participar en directo en la sesión:

¡Participa en vivo! Máster de secundaria: ¿Formación o deformación del profesorado?

(puedes enviarnos cualquier pregunta sin necesidad de inscribirte o participar en vivo, que se intentarán contestar en directo; y si no diera tiempo, subiremos a nuestra web un post con todas las respuestas a las mismas por parte de cualquiera de los participantes que os interese, que nos las harán llegar por correo).

Sería muy recomendable, dado que solo daremos paso a 30 personas en directo, que os inscribáis aquellas personas que verdaderamente queráis interactuar con ellos.

Esperamos que sea de vuestro interés este nuevo ¡PARTICIPA EN VIVO! y os iremos informando de los siguientes, que seguimos mejorando según las cuestiones que aparecen y que con vuestra colaboración nos vais sugiriendo. ¡GRACIAS!

Saludos desde la Junta directiva de OCRE.

Yo no estoy de acuerdo

Parece que la democracia está en crisis. Nos alertan desde los medios de comunicación; se evidencia desde las redes sociales y se traduce en movimientos geopolíticos inauditos. En los colegios e institutos también se ha degradado el sistema democrático.

El derribo legal de la participación democrática en los centros educativos se produjo con la LOMCE en 2013. Desde entonces, en el Proyecto Educativo de Centro, en la Programación General Anual, y en la Normativa de Organización y Funcionamiento, la opinión del claustro no es decisiva. Ni siquiera lo es en la elección del director. Al claustro se le informa. Se supone que participa. Si hay suerte, alguien da su opinión en tono bajito y humilde (no vaya a ser que se le tache de disidente), y se levantan actas. Pero el director (o la administración) toman las decisiones. Así tenemos directores cuyos claustros no les han apoyado o proyectos educativos que nadie conoce ni lee, programaciones burocratizadas que responden a plantillas dadas, y normativas internas avasalladoras que, en algunos casos, vulneran los derechos de los alumnos o la dignidad de los profesores.

Pero no solo la ley resta valor a la opinión del claustro. La absurda creencia de que el acuerdo está en los ácaros se ha instaurado en los ambientes académicos y parece que sí, que todos tenemos que estar de acuerdo. O, por lo menos, tenemos que estar parcialmente de acuerdo con lo que opine o disponga la dirección o la administración. Porque alzar la mano en un claustro virtual de ciento cuarenta personas, opinar lo contrario a lo que transporta el oxígeno imperante, conseguir que la voz se oiga, que no te cierren el micro y que se respete la opinión es harto difícil. Por eso calla el profesorado, aunque luego, en los pasillos, circule otro tipo de ácaro que suele ser bastante más nocivo.

En esta tesitura, cuando un profesor expresa una opinión y desea aportar una idea para reconstruir algo, a nadie se le ocurre la posibilidad de que sea bienintencionado. Si la dirección entrevé un ápice de razón en el asunto, no integra la voz discordante en una comisión de trabajo, por ejemplo, sino que aplica las medidas oportunas de forma unilateral.

Los profesores deben recuperar la voz. El voto del claustro debe volver a ser decisivo. Su voz debe ser escuchada para que se produzca debate. La relación tesis-antítesis-síntesis (de Hegel o de Johann Gottlieb Fichte, como ustedes prefieran) es fundamental para conseguir el progreso en los centros. La dirección puede presentar su tesis; algún profesor puede presentar una antítesis y, tal vez, en la síntesis, resolvamos algo. Para ello, todos debemos tener esqueleto democrático y creer valientemente que la democracia sirve para algo. Hay que levantar la mano: “Yo no estoy de acuerdo”.

 

Autora: Aurora Espín Martínez

Catedrática de Instituto de Lengua Castellana y Literatura. Licenciada en Filología Hispánica, Ciencias de la Información y Literatura Comparada. Con treinta y cinco años de docencia. Socia y miembro de la Junta directiva de OCRE.

 

 

Calendario/Calendari/Egutegia/Calendario/Calendariu 2026 de OCRE

Desde la Asociación OCRE, como hicimos el año pasado, queremos seguir aportando un toque de humor en todos vuestros centros educativos y poder sacar alguna sonrisa en vuestras salas de profesorado de Infantil, Primaria, ESO, FP, Bachillerato o Universidad, porque muy bien sabéis que el humor es absolutamente necesario y más en los tiempos que estamos viviendo. En esta ocasión, siguiendo las sugerencias de algunos de vosotros hemos dejado los espacios de los días en blanco para que podáis hacer anotaciones y porque los chistes gráficos se quedaban diminutos.
Así que, a continuación tenéis los enlaces al calendario que hemos elaborado en castellano, catalán, euskera, gallego y asturiano; preparado para que lo podáis imprimir en A3, horizontal y a color, si fuera posible, y que lo coloquéis en una zona de paso o de reunión visible de vuestras salas de profesorado o donde prefiráis. Por supuesto, también se puede compartir por mar, tierra y aire. En él también se encuentran, para que podamos hacer entre todos un poquito de difusión, los enlaces a nuestra magnífica web, a nuestro formulario para asociarse a OCRE, correo electrónico; así como los enlaces a nuestras RRSS. Con ello conseguiremos que nos conozcan más personas y seguir creciendo en todas las CCAA para poder tener más capacidad en algo que es absolutamente necesario: interlocución con las administraciones educativas y todos los poderes políticos.

La alegría de saber

Vivimos tiempos de mucha incertidumbre, donde la única certeza es precisamente esa: que no hay nada seguro. Como ya apuntara Bauman en Retrotopía, son tiempos de repliegue, de una vuelta a lo tribal, a aquello que se percibe como seguro cuando nada más parece serlo. Por momentos pareciera que se es incapaz de poder pensar en alternativas para poder dirigirse hacia adelante, precisamente porque quizá nadie sabe exactamente qué o dónde es adelante. En cualquier caso, creo que cualquier respuesta a los desafíos de nuestro tiempo será siempre mejor que permanecer inmóvil sin ofrecer respuesta —a no ser claro, que dicha inmovilidad sea una forma de respuesta deliberada que surge de la prudencia de aquel que espera tomar una decisión sensata—. Ahora bien, pensar que somos la única generación que ha tenido que enfrentarse a desafíos vitales sería un delirio peligroso; a todo tiempo le es inherente un yo y mis circunstancias.

Hace algún tiempo que, por motivos profesionales, sigo el rastro del origen de nuestros sistemas educativos modernos, deudores inmediatos de la Ilustración, así como de la Revolución Francesa. Quien se acerca con cierto detenimiento y mirada atenta ante la magistra vitae, advierte que el siglo XIX dio forma a un mundo nuevo, pero entregó con ello el testigo de una tremenda responsabilidad: luchar por hacer efectiva la igualdad entre los individuos, o, si se quiere enunciar de otro modo, romper, a ser posible para siempre, con un modelo social basado en el privilegio y la buenaventura reservada para unos pocos. Prometeo había logrado robar el fuego a los dioses, ahora había que entregarlo a los humanos, y, en lo alto de esa antorcha, entre otras muchas cosas, ardía a su vez la proyección de una idea que si bien hoy parece dada por sentado y blindada por derecho ha costado la lucha infatigable de muchas personalidades —algunas célebres y otras de quienes quizá nunca sabremos— que estuvieron dispuestos a luchar entregando incluso sus vidas con tal de acercar las luces al mundo por venir.

En tiempos de obsolescencia programada, recuperando una de las ideas de la profesora Bianca Thoilliez en su último libro Conservar la educación, recorrer los pasajes, ya no de la Historia, sino de la Historia de la Educación, o más aún… de algunos discursos e informes de hace ya más de doscientos años pudiera parecer una cuestión tremendamente estúpida. Una pérdida de tiempo valioso, en una época intoxicada de palabros como productividad o eficiencia, —y digo palabros porque digo sin temor a equivocarme que se ha producido una resemantización de estas palabras en clave neoliberal—, donde no hay tiempo que perder, pues cada segundo dedicado a otra cosa es un segundo perdido que debería dedicarse a la actualización, a la (de)formación continua. Sin embargo, en medio de este periplo que responde a la realización de una tesis doctoral, constato con suma alegría que, efectivamente, lo verdaderamente edificante y satisfactorio no es llegar a Ítaca, sino contemplar atentamente los bellos tonos que el cielo y el mar hacen desfilar ante nosotros mientras navegamos, unas veces de manera apacible y en buena mar, otras veces sin norte y llevados de un lugar a otro, arrastrados por inclementes vientos. Estoy seguro de quien se haya sometido al ejercicio de disciplina intelectual y sacrificio que implica la investigación sabe bien a lo que me refiero. Es por esta razón que me gustaría compartir algunas reflexiones extraídas de esta actividad.

La primera tiene que ver con la necesidad de volver a preguntarnos por los fines de la educación. Hace ya unos cuantos años, cuando aún era estudiante de Magisterio, recuerdo haber leído una idea en el libro Sobre Educación de Bertrand Russell que, aunque pudiera parecer una obviedad, constituye una pregunta permanentemente necesaria —o necesariamente permanente—. ¿Qué sujeto se pretende formar? Por supuesto, creo que todos tienen una idea más o menos clara a la vez que bastante personal de qué tipo de persona habría de formarse, y, aunque esto es bueno en sí mismo, aquí es donde creo que nos topamos con el primer escollo, propio de nuestra época, que, aunque duela reconocerlo pretende equívocamente tener un fuerte sentido colectividad y comunidad. Hay que sentirse bien, nos dicen, por encima de todo —y de todos—. ¿Es una suerte de maquiavelismo donde el fin justifica los medios? Quizá es demasiado pronto para saberlo; sin embargo, lo que si podemos saber en tanto que podemos observarlo son discursos biensonantes que refuerzan este egocentrismo disfrazado de altruismo y solidaridad, incluso en forma de leyes.

Hay una queja constante hacia una deriva reaccionaria —que, por cierto, no podemos negar—, pero que al mismo tiempo reforzamos renunciando a la idea de una escuela que persiga entre sus fines más elevados entregar a quienes vienen detrás de nosotros todo aquello susceptible de ser preservado. A veces escudados en una uniformización por abajo, otras, bajo lógicas utilitaristas que resuelven todo etiquetando como inútil a todo aquello que parece no reportar un beneficio inmediato. Recupero aquí una idea de las Cinco memorias sobre la instrucción pública de Condorcet, donde viene a decir que la instrucción debe orientarse a liberar al individuo de la dependencia mediante el conocimiento. Reflexionemos por un momento, ¿de verdad nos estamos esforzando por formar individuos libres en el sentido de no dependientes? O aun más, ¿en algún momento nos hemos hecho esta pregunta? Mi experiencia no me permite responder a esta cuestión positivamente. Al contrario, sigo topándome con mucha más frecuencia con el mantra ya repetido hasta la saciedad de “debemos preparar a los estudiantes para un futuro en el que habrán de desempeñar trabajos que aún no existen”, “hemos de enseñar a buscar”, o, mejor todavía, que los profesores hemos de llevar a cabo “experiencias de aprendizaje potentes” junto a “narrativas digitales complejas” —esto último durante un curso de Competencia Digital Docente—. Esta y otras cosas que no cabrían en este artículo me producen cierta tristeza y desazón. ¿Es este verdaderamente el camino para continuar sosteniendo la noble labor que se le presuponía a la escuela de ilustrar a todos para no depender de nadie y poder aspirar a ser libres?

La segunda guarda relación con un marcado cortoplacismo escolar, tanto en términos de memoria —se desconoce el pasado menos próximo de la historia de la educación— así como de su futuro. La escuela ya no es el lugar de encuentro con otros mundos posibles, donde aquel que antes desconocía alguna cosa en particular pasaba a apropiarse de ella a través de alguien que se entregaba a la tarea de enseñársela. Por supuesto, la escuela sigue enseñando. La cuestión está en responder, ¿qué está enseñando? y, ¿verdaderamente aquello que se pretende enseñar merece ser enseñado? ¿Sigue siendo la escuela un lugar cuya misión principal es la alfabetización y la redistribución cultural de aquellos que cada mañana se reúnen en un mismo espacio a escuchar algo que, por medio de un elemento llamado currículo hemos determinado como digno de ser conocido? Por lo pronto, mi impresión es que esto no es así. Al contrario, la escuela ha ido poco a poco transformándose en un espacio performativo, temeroso de constreñir la espontaneidad de aquellos a quienes se supone que ya no hemos de enseñar, sino más bien acompañar —no se sabe muy bien a qué ni a dónde—. Debemos garantizar sonrisas y bienestar. Estoy completamente de acuerdo, pero con un pequeño matiz, ¿si esas sonrisas y bienestar de hoy son la miseria de mañana, de un futuro robado, de qué sirve? La vida misma es una amalgama de experiencias de todo color, felices y tristes, apacibles y angustiantes, dulces y amargas… ¿Tiene algún sentido bailar al compás de la happycracia? ¿Es honesto intelectualmente el que como adultos ofrezcamos a nuestros pupilos una idea de felicidad y bienestar permanente sabiendo que la vida en ocasiones nos lleva al límite? Y, en cualquier caso, ¿no sería deseable que nuestros estudiantes se enfrenten a estas cuestiones que rozan lo filosófico y que son de hondo calado con las herramientas intelectuales más refinadas posibles en vez de con un par de frases de Mr. Wonderful?

En tercer y último me gustaría detenerme en una cuestión que desde entonces y hasta hoy atraviesa la educación por completo: la idea de justicia. La Encyclopédie en 1753 hablaba de la educación en los siguientes términos: “Es evidente que en todo Estado hay ciudadanos para los que existen tipos específicos de educación; educación para los hijos de los soberanos, educación para los hijos de los grandes, para los de los magistrados, etc., y educación para los hijos de los campesinos, donde, así como hay escuelas para enseñarles las verdades de la religión, así también debería haber escuelas donde se les enseñaran los ejercicios, las prácticas, los deberes y las virtudes de su estado, a fin de que actuaran con pleno conocimiento”. Años más tarde, hacia 1793 Le Peletier en un encendido discurso defendería una cuestión cuyos ecos resuenan aún hoy, ¿instrucción o educación?, inclinándose por un proyecto educativo más orientado a educar que a limitarse a instruir. ¿Qué se puede conseguir con un sistema que solo persigue instruir? Pues bien, los niños serán “un poco menos ignorantes que en el pasado, las escuelas un poco más numerosas, los maestros un poco mejores que hoy; ¿pero habremos nosotros formado verdaderamente hombres, ciudadanos, republicanos, en una palabra, la Nación se habrá regenerado?”. Quisiera centrarme aquí en el celo de este hombre, ya no tanto en elegir entre instrucción o educación, sino en poder hacer extensiva la educación a todos los individuos, independientemente de su clase, llegando a proponer: “una instrucción general a todos, conveniente a las necesidades de todos, una educación verdaderamente igual y verdaderamente nacional. Es preciso acabar con la desigualdad ante la educación En primer lugar, la desigualdad que surge de la situación urbana o rural; en segundo lugar, la desigualdad que nace de la diferente situación económica de los padres: ¿de qué les sirve a los padres indigentes la existencia de una instrucción pública para sus hijos si no pueden privarse del trabajo de los niños para subsistir? Es preciso, pues, un plan de educación pública que acoja a los niños en régimen de internado, con carácter obligatorio y gratuito: yo pido que decretéis que, desde la edad de cinco años hasta los doce para los chicos, y hasta los once para las chicas, todos los niños sin distinción y sin excepción sean educados en común a expensas de la República; y que todos, bajo la santa ley de la igualdad, reciban los mismos vestidos, el mismo alimento, la misma instrucción, los mismos cuidados. Puelles Benítez (1991) ve incluso aquí una sombra de lo que dos siglos más tarde conoceríamos como la escuela comprensiva. Conjeturas históricas aparte, lo cierto es que la educación también se entendía como un acto de justicia; una justicia que además debía ser universal, alcanzando a todo el mundo, sin importar quién pudiera ser; pero una justicia que se hacía efectiva en términos de legar conocimientos, nuevamente, que liberen de la dependencia que a su vez es hija de la ignorancia.

Sería posible hacer otras muchas reflexiones en torno a este material histórico, sin embargo, creo que las cuestiones aquí mencionadas sirven sobradamente para el propósito que tenía en mente. Cada vez estoy más convencido de que el maestro, máxime, el servidor público, debe tener una sólida conciencia histórica y filosófica en cuanto a su profesión. De lo contrario, es un blanco fácil de charlatanes, tecnócratas, ocurrencias y políticos oportunistas, que, mal que me temo, ningún interés tienen en hacer de la escuela un espacio de crecimiento intelectual, un lugar donde compartir una herencia cultural colectiva, que ponga delante de muchos niños, adolescentes y jóvenes toda una serie de conocimientos que, de otro modo, no conseguirán en ningún otro lugar.

Invito al lector a, cada vez que pueda, vuelva hacia atrás. Le puedo asegurar que se encontrará con ideas tan desafiantes como reconfortantes que, he de reconocer, no sería capaz de transmitir con toda su fuerza. Son tiempos convulsos, sí. Exigen de respuestas complejas y de una ciudadanía en constante perfeccionamiento, proceso que inicia entre otras cosas, en la escuela. Nuestra escuela está adormecida, sí, también… pero esto no tiene por qué ser un estado permanente. Tenemos la suerte de ir a hombros de gigantes para que, contemplando desde las alturas, recuperemos cierta perspectiva y podamos volver a comprometernos nuevamente con la libertad, la justicia, y por qué no, con la alegría del conocimiento: reencontrarnos con la alegría de saber.

Autor: Ricardo Reyes Soto

Profesor (heterodoxo) de religión. Graduado en Magisterio de E. Primaria (UAH).
Máster en América Latina y la Unión Europea: una cooperación estratégica (IELAT, UAH).
Doctorando en Teoría e Historia de la Educación (UAM) y asociado de OCRE.

 

 

¡PARTICIPA EN VIVO! «¿Políticas educativas progresivamente incorrectas?»

Por fin podemos retomar el ¡PARTICIPA EN VIVO! que teníamos organizado desde OCRE para finales de septiembre con Zach Groshell, pero que tuvimos que cancelar por fuerza mayor.

Os recordamos que estos encuentros online tienen la peculiaridad de ser totalmente interactivos entre todas las personas que se inscriban, porque estarán en abierto de sonido y cámara, participando directamente con el ponente. Recordad que lo grabaremos para poder hacer la difusión posterior, pero para que pueda haber un poco de control entre los participantes, sólo enviaremos el enlace de acceso a las 30 primeras personas que se inscriban; así que, si os interesa el tema, no os lo penséis mucho. Y si por algún motivo no pudierais asistir os rogamos que nos enviéis un correo (associacio.ocre@gmail.com) para que podamos avisar a la siguiente persona inscrita.

Bien, pues os informamos ya del séptimo ¡PARTICIPA EN VIVO!, organizado por OCRE (Observatori Crític de la Realitat Educativa, Asociación OCRE):

Título:

«¿Políticas educativas progresivamente incorrectas?»

¿Funciona el aprendizaje por descubrimiento con alumnado que no tiene un alto conocimiento del tema tratado? ¿Qué relación existe entre el conocimiento y la teoría de la carga cognitiva? ¿Cuáles son las principales técnicas didácticas de la instrucción explícita? ¿Cómo se pueden reducir las distracciones que limitan el aprendizaje de los estudiantes en el aula? ¿Por qué tienen tanto éxito las metodologías que no están avaladas ni por la ciencia ni por la evidencia?

(para familias y docentes de cualquier etapa educativa y cualquier comunidad/ciudad autónoma)

Fecha y ponente:

24 de noviembre de 2025, entre las 18:30 y 20 horas, celebraremos una ponencia interactiva, con Zach Groshell, distinguido profesor, coach de instrucción y consultor educativo. Zach tiene su sede en Seattle, en el estado de Washington, y trabaja con escuelas a nivel nacional e internacional para desarrollar una instrucción de alta calidad basada en la ciencia de cómo aprenden los niños. Zach presenta el podcast, “Progressively Incorrect”, y está muy activo en Twitter (@mrzachg) y en su blog, educationrickshaw.com.

Nuestro compañero Paco Benítez, hará de presentador, moderador y os compartirá en el chat información relevante sobre Zach Groshell; así que, por favor, mantener abierto el chat. Y COMO NOVEDAD ADVERTIMOS QUE ESTE ¡PARTICIPA EN VIVO! SE DESARROLLARÁ EN INGLÉS, PERO QUE HABRÁ TRADUCCIÓN POR PARTE DE PACO PARA QUE LOS PARTICIPANTES PUEDAN INTERACCIONAR CON ZACH.

En el siguiente enlace tenéis el formulario para enviar vuestras preguntas y/o inscribiros para participar en directo en la sesión:

¡Participa en vivo! ¿Políticas educativas progresivamente incorrectas?

(puedes enviarnos cualquier pregunta sin necesidad de inscribirte o participar en vivo, que se intentarán contestar en directo; y si no diera tiempo, subiremos a nuestra web un post con todas las respuestas a las mismas por parte de Zach, que nos hará llegar por correo).

Sería muy recomendable, dado que solo daremos paso a 30 personas en directo, que os inscribáis aquellas personas que verdaderamente queráis interactuar con él.

Esperamos que sea de vuestro interés este nuevo ¡PARTICIPA EN VIVO! y os iremos informando de los siguientes, que seguimos mejorando según las cuestiones que van surgiendo y que con vuestra colaboración nos vais sugiriendo. ¡GRACIAS!

Saludos desde la Junta directiva de OCRE.

Bienvenida inaugural del IV Congreso OCRE de Sevilla a cargo de Paco Benítez

Mientras editamos los vídeos de todas las intervenciones de nuestro IV Congreso que celebramos en Sevilla los días 24 y 25 de octubre, les dejamos en esta entrada la parte de la bienvenida inaugural que realizó Paco Benítez, secretario de OCRE:

Desde la Asociación OCRE queremos dar la bienvenida a todos los asistentes, y trasladarles nuestro más sincero agradecimiento por su participación en este IV Congreso de Expertos Docentes, así como a todas las personas que han colaborado en la organización del mismo, tanto de OCRE, como del propio IES Martínez Montañés.

En esta presentación vamos a relacionar los objetivos de OCRE con citas de libros de algunos de los participantes en este congreso.

Uno de los objetivos de OCRE (presentes en nuestro manifiesto) es que reclamamos una escuela pública que permita el acceso a la cultura de toda la población, porque la escuela es el único lugar donde el alumnado de extracción social humilde podrá adquirirla. De ahí el título de este IV Congreso de Expertos Docentes, “La recuperación de la educación como ascensor social”. Dice Bianca Thoilliez en un capítulo de la obra que ella misma coordina, La educación, ¿bien común, derecho individual o servicio público?, que “el mito del alumno autónomo es una farsa porque lo que suele pasar es que los alumnos no aprenden ni más ni mejor, puede incluso que no aprendan […] Tras una falsa retórica de empoderamiento, se oculta una dejación de responsabilidades educativas por parte de quienes verdaderamente las ostentan.” Desde OCRE creemos que urge acabar con el clima de desconfianza hacia la labor y la profesionalidad de los docentes, muchas veces, lamentablemente, fomentado desde instancias políticas, cuando no por determinados círculos de pedagogos que o bien no han pisado un aula en su vida o bien hace tiempo que ni siquiera recuerdan lo que es entrar a hacer una guardia de un grupo de 2º de ESO al que no le das clase. Como dice Ramón Rodríguez Galán en su libro Soy maestro, “cuando algunos despachos están tan alejados de la realidad del aula, nos toca a los docentes, a los que estamos a pie de aula cada día, dar sentido y coherencia a ciertas decisiones que, quizá, de eso tengan poco. Bajarlas al suelo, traerlas a la realidad, a la verdadera necesidad de nuestro alumnado.”

Por eso reclamamos la devolución de las competencias educativas a los claustros, una ley educativa guiada por la investigación didáctica y alejada de la influencia de modas y neuromitos sin sustento científico, y una dotación de recursos humanos suficientes para atender la diversidad del alumnado. De lo contrario, no estamos cumpliendo con nuestra misión como comunidad educativa. Porque como dice Miguel Ángel Tirado Ramos en su obra Escuelas que enseñan. El conocimiento sí importa, “La escuela incumple cuando vacía las competencias de contenido, cuando desprecia cualquier conocimiento que no sea directamente aplicable o que no parezca útil […] La escuela incumple cuando espera que florezca naturalmente en el niño el gusto por esforzarse […]. Incumple cuando asume de forma acrítica las modas pedagógicas de turno y sube a los altares los métodos pedagógicos convirtiéndolos en fines en sí mismos […] Incumple cuando innovación e investigación no van de la mano, y cuando presupone superpoderes digitales a las nuevas generaciones que se utilizan como excusa para no enseñarles habilidades fundamentales […] Definitivamente, la escuela incumple cuando confunde equidad con mediocridad, y el conocimiento se deja para quien se lo pueda pagar.

Por ello, desde OCRE reclamamos un currículo claro, estructurado, coherente, realista y bien secuenciado. Criticamos que en la actual ley educativa, la LOMLOE, se establece un diseño curricular artificioso y confuso, centrado en la adquisición de unas competencias etéreas, en detrimento del aprendizaje de los conocimientos que las hacen posibles. Pensamos que la pretendida flexibilidad de los contenidos incrementa las diferencias entre centros, con el consiguiente perjuicio para el alumnado de las clases sociales menos favorecidas, que difícilmente podrá adquirir fuera del sistema educativo los conocimientos que este le niega. Por eso abogamos por su modificación, si no por su total abolición. Esta ley obstaculiza el derecho de los estudiantes a una evaluación objetiva y el de sus familias a recibir una información clara y comprensible sobre su progreso, ya que se establecen unos criterios de evaluación ininteligibles e inoperativos y unos sistemas de calificación ineficaces que, además, varían enormemente entre comunidades autónomas. Todo esto lo refleja muy bien Javier Mestre en la obra Escuela y libertad al afirmar que “la aplicación práctica del galimatías arbitrario y caótico de la “evaluación por competencias” resulta en un infierno burocrático en el que se pierde el buen criterio […] y cualquier mínimo atisbo de objetividad, ecuanimidad y justicia; se trata de un sistema que pretende puntuar cosas tales como el compromiso con ciertos valores o premisas ideológicas para nada ingenuas a pesar de las apariencias.”

Abogamos por el concepto aristotélico de la felicidad, la «eudaimonía», la cual no se identifica con placeres pasajeros, sino con un estado al que se llega a partir del desarrollo del carácter y la práctica de virtudes, tanto éticas como intelectuales, que permiten a la persona actuar de acuerdo con la razón y alcanzar su máximo potencial. Necesitamos un sistema educativo que permita a los alumnos llegar a la realización de ese potencial propio. Carlos Javier González Serrano, en el prólogo de su obra Una filosofía de la resistencia da buena cuenta de ello cuando dice: “Detecto a diario en mis estudiantes un entusiasmo desbordado por llevar a cabo su vocación, por cumplir con la tarea que se han encomendado o que sienten suya, pero, igualmente, existe mucha frustración y sufrimiento cuando echan la mirada hacia el futuro y lo observan con poca esperanza y bajo el signo de la desesperación, la angustia o la tristeza.

No podemos cambiar todos los males sociales que existen (aunque no hay que dejar de persistir en ello), pero sí podemos crear una escuela que acompañe y apoye a nuestros alumnos para que puedan llegar a desenvolverse con un mínimo de éxito en la vida. Por eso también alertamos que desde la administración educativa se fomente la utilización de metodologías de dudosa eficacia, facilitando la privatización y mercantilización de todo el sistema al favorecer la entrada de organizaciones empresariales del sector tecnológico o de la banca en el mercado de la educación. En la obra Escuela o barbarie, de la que, junto a Enrique Galindo Ferrández y Carlos Fernández Liria, Olga García Fernández es coautora, se nos alerta de que “la presencia creciente de las TIC en las sucesivas reformas, siempre acompañando a lo que podríamos llamar un “fetichismo de la innovación”, debe entenderse en términos de inversión productiva en busca de rentabilidad”. Alertamos del enorme peligro que tiene para el presente y el futuro de nuestra sociedad el hecho de que los intereses económicos sigan primando por encima de los educativos.

Necesitamos un cambio de rumbo. La situación educativa actual es cuanto menos preocupante: elevados índices de abandono escolar y repetición, bajos niveles en habilidades básicas reflejados en las pruebas estandarizadas internacionales, y un clima de disciplina descorazonador que da lugar a un contexto en el que no se favorece la atención y la convivencia, dificultando el aprendizaje y haciendo sentir inseguros a los estudiantes. Ramón Espejo, en Laberinto educativo y aprendizaje fake, obra recientemente publicada, nos alerta de que “nuestro actual sistema educativo solo hace bien una cosa: tapar los problemas y transmitir la idea de que todo marcha bien”. Por eso, es necesario pasar a la acción, y trasladar a todas aquellas personas y entidades de la opinión pública que sientan malestar, desconcierto y preocupación ante la situación educativa actual la necesidad de unirse a la voz de tantos docentes que queremos revertir la situación. Como dice David Cerdá en su obra Ética para valientes, “el honor no es un cúmulo de «valores», sino de acciones, porque no consiste en tener una disposición ante la justicia, sino en hacerla […] El valor es el instrumento que el honor requiere para que el bien no se ahogue en intenciones y pueda materializarse.”

Finalizamos con otra maravillosa cita, esta vez de Inger Enkvist, en su imprescindible obra La buena y la mala educación, quien nos hará el honor de realizar la ponencia inaugural de este IV Congreso de Expertos Docentes: “El negarse a trabajar en la escuela es oponerse claramente a la sociedad. Una manera de formular por qué la sociedad exige que se estudie es que, si los jóvenes no adquieren vocabulario ni conocimientos sobre el mundo, no pueden formarse una idea personal, crítica, de lo que sucede alrededor de ellos. Así, corren el riesgo de convertirse en seres grupales, dirigidos por las emociones, en una sociedad que se autodefine como una sociedad del conocimiento. Es particularmente peligrosa su tendencia a dar fe a cualquier rumor, reaccionando ante cualquier suceso de manera emocional y violenta.”

Con la enorme convicción de que la educación es el pilar que sostiene una sociedad democrática equitativa y justa, tenemos la obligación moral de protegerla y fortalecerla. ¡Muchas gracias!

Paco Benítez, secretario de la asociación y en representación de la Junta directiva de OCRE.