Reseña del libro «Laberinto educativo y aprendizaje fake. Tenemos que hablar»

Este libro de Ramón Espejo, catedrático de Literatura Norteamericana en la Universidad de Sevilla, es un análisis profundo sobre la situación actual de la enseñanza en España, resultado de un periodo cercano a los dos años recorriendo toda la geografía peninsular e insular a la búsqueda de una amplia variedad de testimonios, muchos de ellos con opiniones muy dispares sobre la educación. Los testimonios son docentes en activo, profesorado jubilado, inspectores de educación y pedagogos.

Aunque el autor refleja fielmente lo que las personas con las que se reúne expresan libremente sobre sus vivencias y concepciones relacionadas con el mundo de la educación, se agradece que también vaya insertando su voz propia en algunos temas, dejándole muy claro al lector cuáles son los principales males que en su opinión nos han llevado al actual estado precario educativo en nuestro país. Se intenta desmontar la actual jerga pedagógica vacua que impera en lo que él mismo llama “el establishment educativo” que ha desembocado, tal y como expresa el mismo título de su obra, en un “laberinto educativo y aprendizaje fake”.

El resultado es un conjunto de opiniones personales, sin cortapisa y en ocasiones muy pasionales, tanto de las personas entrevistadas como las propias del autor. El lector puede formarse una idea muy clara de las diversas concepciones principales que existen en la educación actualmente, y también apreciar la que defiende el autor (spoiler: la misma que defiende el autor de esta reseña y la organización en defensa de una educación de calidad de la que forma parte, la Asociación OCRE).

El libro está organizado, además de una introducción inicial y una conclusión final, en seis capítulos, los cuales agrupan a distintos protagonistas de la realidad educativa, además de un prólogo firmado por Javier Orrico con el revelador título “El gran trampantojo”.

Algunas de las visiones que se repiten entre los diversos testimonios que aparecen y que marcan el hilo conductor de esta obra dan buena cuenta del debate educativo actual, y de las propuestas que docentes y asociaciones como de la que yo formo parte venimos reclamando desde hace ya unos cuantos años. Por ejemplo, muchas de las personas con las que conversa Ramón Espejo se sienten apenadas por una formación académica que con el paso de los años va en declive, y que aunque desde instancias oficiales y oficialistas se aduce a una supuesta protección del bienestar emocional del alumnado para justificar las nefastas medidas adoptadas (y es que las emociones, junto a las nuevas tecnologías y al alumnocentrismo, son tres de los principales fetiches del pedagogismo actual), paradójicamente está produciendo unas generaciones que, a la vista de los datos oficiales, parecen ser de las más infelices y débiles de la historia.

Otra constante muy fuerte en el hilo argumentativo de los testimonios que aparecen en el libro es ver a un conjunto de docentes que se declaran de izquierdas denunciar que hoy en día sea en la escuela privada donde se mantenga un cierto nivel, y que la escuela pública cada vez esté más devaluada tanto a nivel académico como a nivel de comportamiento del alumnado. Muchos de estos profesores con ideas progresistas han tenido que cambiar de opinión con respecto a la enseñanza concertada, que de por sí consideran que atenta contra la calidad del sistema público al fomentar la segregación escolar, pero que en determinados barrios o pueblos es la única garantía para escapar de una educación que tiene muchos objetivos por delante del que debería ser el prioritario: promover una instrucción de calidad basada en la transmisión de conocimiento.

Según algunos de los testimonios del libro, a los cuales quien escribe estas líneas se une, existe una especie de establishment compuesto por las autoridades políticas, los inspectores de educación, la mayoría de sindicatos y un porcentaje demasiado alto de facultades de ciencias de la educación que son los que dominan el discurso educativo actual y los que toman y guían las decisiones que tanto están lastrando la formación de los niños, niñas y jóvenes en nuestro país. Este establishment, con la connivencia de algunos medios de comunicación, presiona al profesorado para que implemente metodologías de la llamada “nueva” educación que son contraproducentes para el aprendizaje del alumnado y que no se sustentan a ojos de la evidencia científica y empírica; un establishment que llega a hostigar al colectivo docente para que apruebe al alumnado independientemente del nivel alcanzado y/o el esfuerzo realizado. Porque detrás de todo esto no hay otra cosa que intentar esconder la dura realidad, hacer creer a la sociedad que no existe un problema educativo maquillando las estadísticas de aprobados y titulados. Desconocemos qué intereses defienden de esta manera, pero lo que está claro es que el de los estudiantes no.

Especialmente bochornosas para quien escribe estas líneas son algunas concepciones erróneas y catastróficas para el aprendizaje del alumnado defendidas por inspectores de educación que aparecen en el libro. Por ejemplo, una inspectora defiende que “hoy en día importa más que los chicos sepan cómo llegar a la información que disponer de los saberes”, es decir, atribuyéndole confianza a las redes sociales como depositarias del conocimiento (porque claro, ya se sabe que toda la información de las redes sociales es fiable, de calidad y está completamente alejada de los extremismos políticos). Por su parte, otro inspector afirma que “la ESO la debería impartir íntegramente el profesorado de primaria” (de ahí a intentar hacer preceptivos los ámbitos educativos hay un estrecho espacio), cargándose así el principio de especialidad y yendo contra lo que dice la investigación, la cual no ha parado de demostrar que lo que mayor impacto positivo tiene en el aprendizaje del alumno es que el docente domine profundamente la materia que enseña. Pero claro, todo esto no desentona en un contexto en el que Pilar Alegría, la propia ministra de educación, hace un par de años manifestaba que “educar acumulando contenidos ya no sirve porque la IA es una realidad”. Sin entrar en la tremenda simplificación de la anterior frase, aparte de mencionar la falta de respeto que lleva consigo hacia la labor del colectivo docente, alguien les debería decir a estos “responsables” políticos y educativos que los contenidos son la base que permiten el pensamiento y las habilidades complejas, y la comprensión de los conceptos.

Muchos de los docentes que protagonizan este libro de Ramón Espejo explican cómo se ven obligados a introducir en el aula prácticas e ideas delirantes, y los que se resisten a ello explican las experiencias vividas por alguno de sus compañeros de claustro. Y todo esto se explica desde el profundo dolor, un dolor que poco a poco va convirtiendo esta bella profesión que es la docencia en una vivencia tensa e irrespirable, lo que hace aumentar el número de profesores vocacionales que abandonan la profesión por puro hastío. Porque son estos profesores, los que más se preocupan por su profesión, los que más sufren en el actual contexto educativo.

También aparecen en el libro testimonios de miembros de la Asociación OCRE, en concreto de los compañeros Susana Navarro, Pepe Sabater e Irene Murcia, quienes forman parte de su junta directiva y se reunieron con Ramón Espejo en el Museo de las Ciencias de Valencia. El relato de mis compañeros se centra en la crítica a los ámbitos educativos, cuya obligatoriedad tumbaron heroicamente en julio de 2022 teniendo que acudir a los tribunales, así como en denunciar que la administración educativa ejerza presión sobre la libertad de cátedra metodológica docente. También se dedica en el apartado a los testimonios de los inspectores un espacio al del compañero Miguel Ángel Tirado Ramos, inspector de educación en las Islas Baleares. Antes hemos dicho que la inspección educativa, lamentablemente, forma parte del establishment, pero por suerte existen maravillosas excepciones, y Miguel Ángel es una de ellas. Miguel Ángel Tirado expresa algunas de sus principales preocupaciones, entre las que está lo que se resume en su ya famosa frase de que “la crisis de lectura es una crisis de cultura” (el desconocimiento del mundo que tienen los alumnos hacen que tengan una mala comprensión lectora), y su acérrima defensa de la escritura como modo para desarrollar el pensamiento crítico en el alumnado.

En este libro se tocan muchos otros temas, como el de las reválidas, la supuesta mejora educativa que provocaría aumentar el gasto público en el sector, el vaciado de contenidos, especialmente de la enseñanza primaria, la baja calidad e incluso desidia y conformismo de buena parte del colectivo docente, el modelo de escuela inclusiva, la formación del profesorado, la burocracia, la evaluación, la repetición, la atención a la diversidad del alumnado con unos recursos insuficientes, y muchos otros más. Todos estos importantes temas son interpretados desde diversas ópticas y por diferentes actores relacionados con el sistema educativo, y resultan muy interesantes leerlos y analizarlos críticamente. Por eso, personalmente no puedo hacer otra cosa que recomendar que lean el libro y se sumerjan en ellos para sacar sus propias conclusiones.

Sea como sea, lo cierto es que uno acaba esta obra con una sensación de tristeza. Tristeza porque se corrobora lo que está pasando, que no es otra cosa que ver un sistema educativo público que está en manos de unos poderes políticos y lobbies pedagógicos que más que defender los intereses del alumnado parecen defender los suyos propios o no se sabe cuáles. De todas maneras, es de celebrar la valentía, una vez más, de un autor que se atreve a denunciar todo el conjunto de tropelías que explican el actual desastre educativo en el que estamos inmersos en la actualidad en España, y además dando voz a diversas visiones.

Huelga decir que algunos responsables de este desastre, voces cercanas al pedagogismo, suelen aprovechar para retorcer las palabras e incluso indignarse porque muchos reflejamos el pobre nivel del alumnado hoy día, aduciendo que los ridiculizamos. Cuando en realidad, lo que criticamos duramente (y lo que debería ser motivo de vergüenza nacional) es que un sistema educativo permita una ingente bolsa poblacional que se gradúa en la educación secundaria con analfabetismo funcional. Ojalá se indignaran por esta gravísima realidad, que es el quid de la cuestión, y dejaran de negar lo que las pruebas internacionales llevan más de quince años reflejando, corroborando, tristemente, lo que el colectivo docente llevamos denunciando de manera constante desde hace por lo menos dos décadas.

Nuestros niños y jóvenes son víctimas de un sistema educativo que no está a la altura de las circunstancias, y cuyos responsables siguen en sus puestos y sin reaccionar (o peor, ahondando en el error). Obras como esta son dignas de celebrar porque representan el primer paso para solucionar un problema, que es reconocer que existe. Ramón Espejo pone luz a una diversidad de contrariedades que necesitan atajarse para salir de la actual crisis educativa, denunciando cómo el actual laberinto educativo resultante de la actual normativa da lugar a un aprendizaje fake, o lo que es lo mismo, una enseñanza mediocre que lastra las oportunidades futuras de muchos estudiantes. Así que viene muy a cuento para acabar esta reseña una cita textual del mismo autor extraída de la conclusión de la obra:

 

“Dejemos también de pensar que esto es una confrontación entre conservadores y progresistas. La crítica a la educación es lo más progresista que en estos momentos podemos encontrar en la sociedad, no solo porque venga de personas que se definen de izquierda en su mayoría, sino porque busca el empoderamiento de los más desfavorecidos y una educación que no solo los contente y apacigüe, una que que los remueva, les obligue a enfrentarse a retos y a superarse a sí mismos incluso si eso les genera algo de sufrimiento. Pedir esfuerzo y exigir resultados es lo realmente progresista.”

 

Autor de la reseña: Paco Benítez Velarde

Licenciado en Historia por la UB. Profesor de secundaria de inglés y Ciencias Sociales. Profesor visitante en EE.UU. (Charlotte, NC) y ahora en la comunidad valenciana. Máster de Formación de Profesores de español como Lengua Extranjera por la Universidad de Barcelona y Máster en Teaching English as a Foreign Language por la Universidad de Alcalá de Henares. Posgrado en Mediación en Situaciones de Conflicto en la Institución Educativa por la Universidad de Barcelona. Miembro de la Asociación OCRE.

 

Manifiesto conjunto del Colectivo La Revolución de la Tiza, la Asociación OCRE y la Fundación EPISTEME

Los docentes y las docentes que formamos parte del Colectivo larevoluciondelatiza, de la Asociación OCRE y de la Fundación EPISTEME, preocupados por la deriva actual del sistema educativo público, manifestamos lo siguiente:

Estamos convencidos de que el objetivo del sistema educativo público debe consistir en dotar al alumnado de los conocimientos y aptitudes necesarios para: lograr un futuro profesional digno, adquirir una formación cultural que les permita orientarse de forma crítica en la sociedad, así como recibir una formación integral como personas. Sin embargo, somos testigos de que estos hechos no están teniendo lugar en la medida que sería necesario, como lo evidencian: el tener uno de los mayores índices de abandono escolar de Europa, las altas tasas de repetición de curso en la etapa obligatoria, el bajo nivel académico alcanzado por el alumnado de esta etapa y de la etapa postobligatoria, etc.

En estos malos resultados han intervenido diversos factores, pero, sin duda, han jugado un papel relevante las sucesivas reformas educativas, que no han sabido dar respuesta a las necesidades de la educación en cada momento. Y la explicación a esto es que dichas reformas nunca han sido propuestas desde una actitud reflexiva y mediante un análisis crítico de la situación de partida, sino que, más bien, han surgido al albor de la última moda pedagógica, aplicada de forma dogmática y sin los recursos necesarios. La última reforma, la LOMLOE, tras llevar dos cursos vigente, tampoco parece que vaya a resolver los problemas de nuestro sistema educativo, ya que no hace sino ahondar en las carencias de las leyes anteriores (ratios elevadas, insuficientes recursos humanos, desautorización de la figura del profesor, intrincado diseño e insuficiente financiación, entre otros).

Por ello denunciamos los siguientes aspectos que, bajo el marco normativo de la LOMLOE, amenazan a nuestro sistema educativo:

  1. Se establece un diseño curricular incoherente y confuso, centrado en la adquisición de unas competencias formuladas de forma vaga y farragosa, en detrimento del aprendizaje de los conocimientos que hacen posible ser realmente competentes.

 

  1. Se fomenta desde el Ministerio de Educación y las Consejerías de Educación Autonómicas la utilización de metodologías de dudosa eficacia basadas en modas pedagógicas no contrastadas científicamente, que se pretenden aplicar de forma rígida y dogmática, vulnerando con ello, además, la libertad de cátedra del personal docente.

 

  1. Se impide el derecho de los estudiantes —y de sus familias— a recibir una información clara y comprensible sobre su progreso, ya que se establecen unos criterios de evaluación ininteligibles para unos y otros.

 

  1. Se sobrecarga al profesorado con un exceso de trabajo burocrático poco útil, que va en detrimento de la calidad de su labor docente. Así mismo, este tipo de tareas colapsan los órganos colegiados (como el claustro, los equipos educativos, etc.) impidiendo que éstos cumplan su papel de espacios de reflexión, análisis y coordinación, tan necesarios para la buena marcha de los centros educativos. Esto último supone, además, una pérdida de salud democrática de los centros.

 

  1. Se desautoriza la figura del profesorado al no reconocer su valía como pieza fundamental en la transmisión del conocimiento y, sin embargo, se le asignan tareas que no parecen propias del mismo, como vigilar recreos, pasillos o puertas. Además, tampoco se dotan a los centros de verdaderas posibilidades de respaldar la autoridad del docente en el aula.

 

  1. Se aplican criterios de promoción de curso que son laxos y poco rigurosos, y que, sin duda, alejan al alumnado de la idea de que todo esfuerzo tiene una recompensa, y dan a entender que el conocimiento tiene poco valor, ocasionando, además, el problema de la acumulación de materias pendientes en los cursos posteriores.

 

  1. Se exige a los centros que sean inclusivos, mientras se mantienen ratios de alumnado por aula elevadas que imposibilitan dicha inclusión, y se niega la dotación de profesionales que podrían ayudar a paliar, en parte, los problemas sociales que deberían ser resueltos desde otras instancias del poder político.

 

Por todos estos motivos, reclamamos:

 

  1. Una enseñanza pública cuya función central sea la adquisición de conocimientos sólidos, y que garantice la formación de una ciudadanía competente, capaz de regir su propia vida y tomar decisiones con criterio.

 

  1. Un currículo claro, estructurado, coherente, realista y bien secuenciado, que facilite el proceso de enseñanza-aprendizaje y que garantice la igualdad de oportunidades de todo el alumnado y en todos los centros, independientemente de su localización geográfica, contexto social, económico y cultural.

 

  1. Una ley educativa que devuelva a los Departamentos Didácticos su autonomía en la toma de decisiones sobre los aspectos pedagógicos y didácticos, de forma que se pueda dar una respuesta educativa más acorde al contexto de cada centro, y que no vengan impuestos de forma dogmática por la normativa, como actualmente ocurre con la LOMLOLE. Por nuestra larga experiencia docente hemos podido constatar que no existe una metodología didáctica única perfecta. Dicha metodología debe ser elegida en función de diversos factores del aula y del centro, por lo que no puede estar nunca predeterminada de partida, ya que resulta de un proceso iterativo de revisión que requiere de continua observación y evaluación. Y, siempre, con unas garantías de que existe una base científica suficiente.

 

  1. Una ley que devuelva a los órganos colegiados, especialmente al claustro, su protagonismo en la vida del centro. De esta forma, se recuperarían estos espacios de reflexión y debate tan necesarios para una gestión eficaz y democrática, y no se convertirían en meros instrumentos para votar programas y proyectos que vienen ya impuestos desde la administración educativa. Es importante, además, por salud democrática de los centros, que los claustros tengan especial peso en los procesos de selección de director o directora, y ello, debería ser igual en todas las comunidades autónomas, con la misma duración de los mandatos y con un límite en la prórroga de los mismos, que no debería ser superior a dos mandatos seguidos.

 

  1. La recuperación del respeto por la profesión docente, que se debe concretar en: la dotación de recursos humanos suficientes para atender la diversidad del alumnado, en el reconocimiento efectivo de la autoridad del docente en el aula, en una reducción al mínimo de tareas burocráticas y en la potenciación de la especialización y formación didáctica de los docentes, formación que debe estar basada en la evidencia científica de sus respectivos campos de conocimiento.

 

  1. Unos criterios de promoción de curso más rigurosos, que ofrezcan al alumnado una visión coherente de la relación entre esfuerzo y recompensa en el aprendizaje, y que den valor a la adquisición de conocimientos.

 

  1. Una inclusión efectiva, sustentada en la dotación de recursos económicos y humanos suficientes, y no meramente a través de la formulación de buenas intenciones que resultan inaplicables según las condiciones existentes en cada centro.

 

Finalmente, desde nuestra convicción basada en años de experiencia docente y en el empeño de mejorar la formación de nuestro alumnado, solicitamos a la Administración Educativa que nuestras demandas sean tenidas en cuenta y se tomen las medidas necesarias para recuperar un sistema educativo digno. Esto sólo podrá conseguirse si el personal docente participa de forma efectiva en el diseño del sistema educativo, si se dota a dicho sistema de unos presupuestos adecuados a su finalidad y, por último, si se acuerda entre las diferentes fuerzas políticas un Pacto de Estado por la Educación, que evite el uso político de la misma y la dote de suficiencia y estabilidad.

(En el siguiente enlace se encuentra el propio manifiesto en PDF para quien quiera distribuirlo también de esa manera: Manifiesto conjunto del Colectivo La Revolución de la Tiza, la Asociación OCRE y la Fundación EPSITEME)

 

Julio-Agosto de 2025

 

Fundación EPISTEME                                          Asociación OCRE                                      Colectivo “larevoluciondelatiza” 

https://es.fundacioepisteme.cat/                          https://asociacionocre.org/                        https://revoluciondelatiza.blogspot.com/

info@fundacioepisteme.cat                                  associacio.ocre@gmail.com                       larevoluciondelatiza@gmail.com

 

La verdad, la mentira… y la interpretación de las estadísticas

La Dirección General de Innovación Educativa de la Conselleria de Educación de la Generalitat Valenciana presentó el pasado mes de mayo el resultado de unas pruebas diagnósticas realizadas en 4ª de Primaria y 2º de ESO sobre competencias en lenguas y Matemáticas. Son las conclusiones de las llamadas pruebas AVDI del curso 2023-24. Tienen un carácter informativo, formativo y orientador. Se supone que deben ayudar a los centros, profesorado y familias a entender mejor el rendimiento académico del alumnado. Además, deben permitir identificar factores contextuales que influyen en el aprendizaje y ayudar a diseñar políticas educativas más eficaces y equitativas. Puesto que se realizarán anualmente, los resultados podrán cotejarse con los de años posteriores. La intención parece correcta. Suponemos que se han hecho estas pruebas (y elaborado sus resultados) con rigor.

Pero ¿qué sucede si se presentan los datos obtenidos de forma poco clara? La infografía de la Generalitat Valenciana muestra los resultados, con gráficos menos reveladores de lo que es deseable.

Pasamos a estudiar con atención una de las pantallas que presentan los resultados y evitaremos, entre otras cosas, congratularnos por cifras en color verde, tal y como se hizo en la noticia cuyo titular rezaba: “Más de la mitad del alumnado de la Comunitat Valenciana demuestra un alto rendimiento en Matemáticas y lenguas. (https://www.europapress.es/comunitat-valenciana/noticia-mas-mitad-alumnado-comunitat-valenciana-demuestra-alto-rendimiento-matematicas-lenguas-20250522153335.html)

Tomamos el ejemplo de este resultado: un 52% del alumnado de 2º de ESO tiene un nivel muy alto en comprensión escrita, tal y como resalta la tabla. ¿Es así?

¿Qué quiere decir nivel alto? Los resultados de las pruebas se dividen en seis niveles, pero no se considera el 1º y 2º como bajo, 3º y 4º como medio, y 5º y 6º como nivel alto. Se computa como “alto” el porcentaje que aparece en los niveles 4º, 5º y 6º; bajos son los anteriores, y no hay nivel intermedio. Observamos que los tantos por ciento presentados sumados, no dan 100% pero, aun así, seguimos el análisis.

Hacemos el gráfico de otra forma. Asignamos a los niveles un valor numérico (1-2, 3-4, 5-6, 7-8, 9-10). Cualquier alumno, madre, padre o profesor, entiende estos valores de calificación. Si damos agrupación numérica a los niveles, el resultado es el siguiente:

Ahora no podemos hacer el titular publicado en prensa. No hay un nivel muy alto entre los alumnos 2º ESO en competencia escrita de Lenga castellana. No lo hay porque cualquier docente sabe que el nivel mayoritario de una clase es intermedio y que ese “intermedio”, en estos momentos, es “bastante bajo”, por usar un eufemismo.

Sin embargo, aun creyendo que la estadística presentada refleje la realidad, ¿qué pasa, por ejemplo, con el 48% que tiene un nivel de comprensión escrita en Lengua Castellana bajo a los 12/13 años? ¿No es grave? Nuestro titular al respecto no será de celebración. En el sistema educativo actual y en sus resultados hay mucho que observar, analizar y modificar… y poco que celebrar. Tampoco es de celebrar que los medios de comunicación no nos ayuden a mostrar la realidad con rigor.

Lo peor del caso es que ni la experiencia dentro del aula ni los resultados académicos de los centros avalan ese 52% positivo. Tampoco lo avalan, desgraciadamente como ya sabemos, los resultados de las últimas PAU ni los de las oposiciones para docentes. Y nada nos gustaría más que los adolescentes de este estudio fueran los primeros que tuvieran unos resultados magníficos en sus PAU, pero nos tememos que no será así, según este estudio; a no ser que se cambien ya las políticas educativas. Y desde la asociación OCRE aprovechamos este artículo para seguir ofreciendo, como lo hemos hecho en repetidas ocasiones, la experiencia de asociados en todas las etapas educativas para colaborar en la presentación de propuestas encaminadas a mejorar el sistema educativo de la Comunidad Valenciana y también a nivel estatal. Porque la realidad es que el nivel de nuestros alumnos no es alto y no lo será si no cambiamos el sistema educativo desde su base, si no ponemos como elemento central el conocimiento, el contenido.

Por otra parte, una Administración que realmente aspire a mejorar la calidad educativa, y no solo a exhibir propaganda política, debería publicar los datos en bruto de estas pruebas, anonimizando si fuera necesario los centros. Solo con esa información accesible a la sociedad, investigadores, docentes y familias sería posible un análisis riguroso, contrastar resultados en función de diferentes variables (sexo, Índice Socioeconómico y Cultural…) y detectar las verdaderas debilidades del sistema. Sin transparencia plena, cualquier conclusión oficial corre el riesgo de ser más un ejercicio de marketing que un diagnóstico útil para transformar la educación.
Lo que la prensa interprete como positivo o las cifras oficiales que se presentan como alentadoras son el resultado de la lectura “optimista” de unas estadísticas. Y ya sabemos que existe la verdad, la mentira… y la interpretación de las estadísticas.

 

Autora: Aurora Espín Martínez.

Catedrática de Instituto de Lengua castellana y literatura.

Licenciada en Filología Hispánica, Ciencias de la Información y Literatura Comparada. 

Treinta y tres años de docencia como funcionaria en once institutos públicos.

Asociada de OCRE.

Más allá de la creencia: Replanteando la docencia como una profesión basada en la ciencia

Algunas reflexiones sobre el clásico artículo de Douglas Carnine, «Por qué los expertos en educación se resisten a las prácticas efectivas».

Autores: JIM HEWITT Y NIDHI SACHDEVA

8 de julio de 2025

Créditos de la foto: Abdullah Hyder con Tom Sherrington en ResearchED Toronto 2025. ResearchEd es un movimiento social de base que une la investigación educativa y la práctica docente.

Ideas clave:

  • Carnine argumenta que la educación no es una profesión basada en la ciencia.
  • Las modas y la ideología tienden a influir más en la formación y el desarrollo profesional docente que la propia ciencia.
  • Una profesión docente basada en la ciencia es posible. Sin embargo, requiere un cambio cultural significativo que priorice las prácticas basadas en la evidencia.

En su provocador artículo, “Por qué los expertos en educación se resisten a las prácticas efectivas”, Douglas Carnine hace una afirmación contundente: a diferencia de la medicina o la ingeniería, la educación no es una profesión basada en la ciencia.

Esto puede parecer inicialmente extraño para algunos docentes. ¿Acaso los programas de formación docente no enseñan métodos de enseñanza bien fundamentados en la evidencia? ¿Acaso la formación continua del profesorado no se basa en investigaciones sólidas?

Douglas Carnine argumenta que, en su mayoría, no es así.

En su artículo, Carnine sostiene que la educación carece del rigor científico que se encuentra en campos como la medicina o la ingeniería. Cita ejemplos de líderes de opinión en educación que rechazaron enfoques basados en la investigación, como la Instrucción Directa, incluso después de que estos superaran considerablemente a otros modelos en estudios controlados a gran escala. Continúa sugiriendo que, en lugar de adoptar lo que funciona, muchos expertos en educación tienden a priorizar innovaciones no probadas o métodos que se alinean con sus preferencias ideológicas.

¿Tiene razón Carnine?

Creemos que sí. La educación, tal como está actualmente, claramente no es una profesión con base científica. Cuando los docentes se enfrentan a un problema difícil en el aula, rara vez recurren a la investigación para encontrar respuestas. Con mayor frecuencia, se basan en instintos, experiencia o estrategias aprendidas de colegas. Esto no significa que estos aspectos no tengan valor; sin duda lo tienen. Pero es sorprendente la poca frecuencia con la que se consulta la investigación.

La investigación también desempeña un papel sorprendentemente pequeño en la formación continua. Con frecuencia, la formación profesional promueve ideas familiares, populares o fáciles de presentar, pero no necesariamente con base científica. Los docentes que participan en estas sesiones de formación podrían dar por sentado que los materiales didácticos han sido rigurosamente examinados. En realidad, eso es poco probable. Se han dedicado, y se siguen dedicando, incontables horas de formación profesional a modas educativas como los estilos de aprendizaje y las inteligencias múltiples, a pesar de décadas de investigación que no han demostrado ningún beneficio para el aprendizaje de los estudiantes.

Profesores con experiencia nos han contado historias de escuelas que se comprometieron con una nueva iniciativa educativa un año, solo para verla abandonada discretamente al año siguiente. Esto puede generar escepticismo o incluso cinismo en los profesores respecto a las nuevas iniciativas. Cuando la última «gran idea» se presenta con bombos y platillos, pero desaparece sin resultados claros, los profesores empiezan a ver estos esfuerzos como modas en lugar de mejoras significativas. Con el tiempo, este patrón erosiona la confianza en el liderazgo y reduce el compromiso docente con la formación profesional futura. En lugar de preguntarse: «¿Cómo puedo aplicar esto para mejorar el aprendizaje de los alumnos?», los profesores pueden empezar a preguntarse: «¿Cuánto tardará esta también en desaparecer?».

¿Por qué ha sido tan lento el progreso en educación?

Carnine argumenta convincentemente que la falta de integración de la investigación científica en la educación explica por qué la profesión, en su conjunto, ha progresado tan poco a lo largo del tiempo. En medicina, los nuevos tratamientos se desarrollan mediante un proceso disciplinado de investigación, pruebas controladas, evaluación y perfeccionamiento. Los beneficios de este enfoque han sido evidentes. La esperanza de vida ha aumentado drásticamente. Se han erradicado o controlado enfermedades mortales. Ahora contamos con cirugías mínimamente invasivas, diagnósticos avanzados y terapias dirigidas que habrían sido inimaginables hace tan solo unas generaciones.

La educación, por otro lado, carece de este ciclo de mejora progresiva. A pesar de décadas de reformas y miles de millones de dólares invertidos en iniciativas de mejora, no está claro que los docentes sean más eficaces hoy que hace cincuenta años. Si bien el currículo ha evolucionado durante ese período, sería difícil afirmar que la calidad de la educación haya mejorado significativamente o que la brecha en los resultados de los estudiantes se haya reducido sustancialmente.

Como dice Carnine, la educación está atrapada en un ciclo de reinvención, reciclando constantemente ideas ineficaces bajo nuevos nombres en lugar de aprovechar las que han demostrado su eficacia.

La docencia como una profesión “basada en creencias”

¿Por qué persiste este ciclo? ¿Por qué los educadores se resisten a prácticas respaldadas por investigaciones rigurosas, mientras que adoptan otras que no están comprobadas? Carnine sugiere que se debe a que la educación funciona más como una profesión basada en creencias que en la ciencia. Las prácticas educativas a menudo se eligen no por su eficacia demostrada, sino porque se alinean con convicciones personales o ideológicas.

Esto ayuda a explicar por qué ideas como los estilos de aprendizaje, el aprendizaje por descubrimiento y la gimnasia cerebral siguen circulando ampliamente. Se difunden a través de libros, conferencias y desarrollo profesional, no porque estén respaldadas por evidencia sólida, sino porque se alinean con creencias o intuiciones populares sobre cómo aprenden los estudiantes. Parecen correctas, lo que las hace atractivas. Pero en muchos casos, la investigación que respalda estos enfoques es débil, inconsistente o completamente inexistente.

Además, a diferencia de la medicina, donde los tratamientos ineficaces se eliminan gradualmente, la educación carece de un circuito de retroalimentación integrado. No existe un sistema fiable para filtrar lo que no funciona ni para mejorar lo que sí. Como resultado, las creencias y la ideología suelen prevalecer sobre lo que tiene un impacto efectivo en el aprendizaje. Pasar de una moda a otra da a los docentes una ilusión de progreso, pero rara vez produce un mejor aprendizaje.

La cultura educativa basada en creencias no se limita a la práctica diaria. Comienza temprano, durante la formación inicial del profesorado. En lugar de enfatizar lo que sabemos de la investigación sobre cómo funciona el aprendizaje, los programas suelen ofrecer una variedad de estrategias, teorías e ideologías. Las tareas pueden incluir la redacción de una filosofía personal de enseñanza o el diseño de una lección que se alinee con una teoría educativa específica. Sin embargo, rara vez existe la presión de revisar la literatura de investigación para comprobar si un enfoque instructivo recomendado realmente mejora el aprendizaje del alumnado.

En consecuencia, muchos docentes terminan su formación inicial con algunas estrategias instructivas y convicciones sólidas, pero con poca base en lo que la investigación ha demostrado ser más eficaz.

Aquí es donde entra en juego la ciencia del aprendizaje. Invita a una mentalidad fundamentalmente diferente.

¿Qué significaría para la docencia convertirse en una profesión basada en la ciencia?

Imagine un mundo donde la enseñanza, como la medicina o la ingeniería, se asiente sobre una sólida base de conocimiento científico. En ese mundo, todos los docentes comprenderían cómo la carga cognitiva afecta el aprendizaje. Sabrían lo que dicen las investigaciones sobre la práctica de evocación y la ansiedad ante los exámenes, y cómo diseñar evaluaciones que potencien la memoria y a la vez fortalezcan la confianza de los estudiantes.

Contarían con estrategias que realmente ayudan a los estudiantes con dificultades y sabrían por qué ciertos enfoques tienden a funcionar mejor que otros. Entenderían por qué los estudiantes a veces olvidan lo aprendido y cómo evitarlo. Sobre todo, tendrían una comprensión sólida y práctica sobre cómo aprenden las personas y cómo usar ese conocimiento para enseñar de forma más eficaz.

La ciencia del aprendizaje: Un camino por el que avanzar

La ciencia del aprendizaje representa un esfuerzo por convertir la docencia en una profesión basada en la ciencia. Se basa en décadas de investigación en psicología cognitiva, diseño instruccional y medición educativa. Ofrece a los docentes algo valioso: claridad sobre cómo funciona el aprendizaje y qué tipos de instrucción lo apoyan mejor.

A diferencia de las modas educativas o las ideologías, la ciencia del aprendizaje no comienza con declaraciones de creencias o valores personales. Empieza con datos. Evoluciona mediante la experimentación, la replicación y el examen crítico. Y, al igual que otras disciplinas científicas, nos invita a cambiar de rumbo a medida que profundizamos en nuestra comprensión.

Esa mentalidad —de curiosidad disciplinada, apertura al cambio y compromiso con la mejora continua— es enormemente prometedora para la docencia.

Pero, ¿no son las aulas demasiado complejas para los enfoques científicos?

Algunos educadores han expresado su preocupación por convertir la docencia en una profesión basada en la ciencia. ¿Conduciría esto a una estandarización rígida, donde se espera que todos los docentes sigan el mismo guion? ¿Es siquiera posible aplicar los hallazgos científicos en una profesión donde cada decisión está tan profundamente influida por las diferencias individuales y los contextos locales?

Estas son preguntas válidas e importantes. Basar la docencia en la investigación no la hará sencilla ni mecánica. El trabajo seguiría siendo desafiante y dinámico, lleno de momentos inesperados que exigen perspicacia, flexibilidad y creatividad. Cada decisión pedagógica seguiría teniendo en cuenta la diversidad de orígenes del alumnado, la dinámica del aula, los objetivos curriculares, etc.

Pero en una profesión verdaderamente basada en la ciencia, la investigación educativa serviría como un poderoso sistema de apoyo. No dictaría cada paso que da un docente, pero ofrecería una guía bien probada sobre lo que suele funcionar y por qué. Los docentes podrían desviarse de esa guía cuando fuera necesario, pero lo harían desde una posición informada, conscientes tanto de la investigación como de las razones para elegir un camino diferente. La enseñanza seguiría siendo creativa, receptiva y profundamente humana, pero también estaría anclada en un creciente conocimiento sobre cómo se produce el aprendizaje.

Para ser claros, la ciencia del aprendizaje no exige una estandarización rígida. Respeta la autonomía docente y el criterio profesional. Pero nos pide que ejerzamos ese criterio dentro de un marco compartido de evidencia. Nos invita a formar parte de una profesión que perfecciona sus métodos con el tiempo, basándose en lo que funciona, no solo en lo que es popular.

Cuatro pasos hacia una profesión basada en la ciencia

Para transformar la docencia en una profesión basada en la ciencia, necesitamos construir estructuras que respalden la práctica basada en la evidencia. Aquí van cuatro maneras de comenzar:

  1. Priorizar las prácticas basadas en la evidencia en la formación inicial del profesorado

Los programas de formación docente deben exponer a los nuevos docentes a estrategias de enseñanza probadas, como la práctica de la evocación, la repetición espaciada, la evaluación formativa y la instrucción explícita. Estas representan algunos de los hallazgos más consistentes, replicados y convincentes en la investigación educativa. Estas estrategias han sido rigurosamente probadas y han demostrado mejorar el aprendizaje en diversos contextos.

  1. Fortalecer la alfabetización científica

Los docentes no deberían tener que aceptar las afirmaciones de las investigaciones sin más. Al igual que los médicos que leen revistas científicas, los docentes deben estar capacitados para leer, interpretar y evaluar los hallazgos de las investigaciones. Esto implica incorporar cursos, herramientas y hábitos mentales que ayuden a los docentes a preguntarse: ¿Cuál es la evidencia que respalda esto? ¿Qué nivel de solidez tiene? ¿Es aplicable a mis estudiantes?

  1. Establecer un núcleo compartido de conocimiento profesional

La educación carece de algo que la mayoría de las demás profesiones poseen: una base común de conocimientos con base científica. En medicina, cada estudiante aprende anatomía, fisiología y patología. En aviación, cada piloto comprende las leyes de la aerodinámica. La docencia no debería ser la excepción. Una comprensión compartida del aprendizaje, basada en la ciencia cognitiva y la teoría del aprendizaje, ayudaría a unificar la profesión y reduciría su susceptibilidad a las modas pasajeras.

  1. Evaluar la calidad de la evidencia en la formación profesional

Los docentes suelen dar por hecho que si una sesión de formación profesional es impartida por la junta escolar o un consultor, está basada en la evidencia. Sin embargo, a menudo no existe un sistema formal que garantice que esto sea cierto. Como resultado, las sesiones de formación profesional suelen promover ideas con poco o ningún respaldo empírico.

Si queremos detener la propagación de modas educativas, necesitamos una manera de introducir el control de calidad en el desarrollo profesional. Esto significa ser transparentes sobre la investigación que respalda lo que se enseña y honestos cuando la evidencia es débil o está en evolución.

Un futuro esperanzador

Transformar la educación en una profesión basada en la ciencia no será fácil. Una de las mayores barreras para el cambio es la inercia cultural. En educación, la «creencia» está profundamente arraigada. Incluso los defensores de la ciencia del aprendizaje a veces hablan de «creer» en aspectos como la instrucción explícita o la práctica de la evocación. Es una práctica que los docentes deben superar de alguna manera. Cuando enmarcamos los enfoques educativos en términos de creencia, continuamos con el hábito de reemplazar un conjunto de intuiciones por otro, en lugar de cultivar el hábito de la indagación crítica que exige la ciencia.

La ciencia del aprendizaje no debe verse como un conjunto de prácticas que se aceptan por fe. Más bien, es un creciente corpus de evidencia que nos ayuda a comprender qué funciona en la educación y por qué. Nos exige examinar las afirmaciones de forma crítica, adaptar nuestros métodos a medida que surgen nuevas evidencias y permanecer siempre abiertos a la posibilidad de equivocarnos. Al adoptar esta mentalidad, podemos transformar la educación en una profesión donde las decisiones instructivas estén basadas en la investigación, donde los maestros estén capacitados con el conocimiento que necesitan y donde los estudiantes se beneficien de prácticas que respalden mejor su aprendizaje.

 

REFERENCIAS

Carnine, D. (2000). Why education experts resist effective practices (and what it would take to make education more like medicine). Thomas B. Fordham Foundation. https://www.wrightslaw.com/info/teach.profession.carnine.pdf

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Artículo original: https://scienceoflearning.substack.com/p/beyond-belief-reframing-teaching

Traducción del inglés de Paco Benítez, con el permiso de los autores Jim Hewitt y Nidhi Sachdeva, quienes muy amable y generosamente han dado a la Asociación OCRE permiso expreso para publicarlo en su página web.

La Escuela guay: ¿progreso o peligro para la educación?

La escuela ha cambiado. Esto no es algo que debiera sorprendernos. Como cantaba Mercedes Sosa, todo cambia. Ahora bien, los cambios pueden ser positivos o no y esto sí es algo a lo que la sociedad debería prestar especial atención. Como ya señalase Zygmunt Bauman, vivimos en una época de liquidez, de volatilidad. A lo anterior, se podría añadir que esta situación ha ido incluso más allá. Si uno de los móviles de la modernidad en sus orígenes era la ruptura con esquemas que entorpecían el progreso, habría que preguntarnos cuáles son los nuestros a día de hoy. De lo contrario, la sociedad se estaría moviendo por pura inercia, sin saber hacia dónde se dirige ni por qué, como si un ansia neurótica le susurrase al oído constantemente que no es posible detenerse por mucho tiempo en un mismo punto. Da igual si el movimiento o el cambio es bueno o necesario —o ambas cosas—, la cuestión es moverse.

Resulta particularmente sorprendente esta necesidad de cambio tan apremiante, permitiéndonos considerar aquí con mucha mayor seriedad, si cabe, una reflexión recurrente en El deber moral de ser inteligente y Prohibido repetir de Gregorio Luri: ¿Es lo novedoso bueno por el simple hecho de serlo? Ya hace algunos años, en la muy recomendable obra de Ripoll y Aguado Enseñar a Leer, se explicaba cómo durante un tiempo, durante la época de la Transición a la democracia, se comenzaba a abogar por el método global de enseñanza de la lectoescritura en detrimento del método sintético, pues esto era lo novedoso, lo progresista; la manera de romper con lo viejo e indeseable, pues pareciera ser que todo aquello que suena a tradición debe ser inmediatamente desechado. El sentimentalismo se imponía a criterios basados en la observación y la razón por entonces, tal como continúa haciéndose actualmente. Desde luego, no se pretende juzgar las buenas intenciones de aquellos que, por entonces, sin evidencia concluyente, pudieran considerar otras maneras de enseñar algo tan fundamental como la enseñanza de la lectoescritura sin tener a mano el cuerpo de evidencias que se ha podido acumular varios años después, pero no deja de ser un ejemplo muy elocuente de criterios para la selección de métodos y/o enfoques pedagógicos bastante alejados de parámetros técnicos debidamente contrastados, sin embargo, no deja de resultar muy significativo que todo esto va a parar al mismo lugar: lo novedoso como equivalente de mejor o superior. Hágase si se puede, el ejercicio de consultar la oferta formativa de los diferentes centros de formación del profesorado a lo largo y ancho del territorio nacional. Es probable que se encuentre una combinación de palabras muy recurrentes —incluso en el nombre de por lo menos, 5 de estas instituciones—. Por supuesto, esto no quiere decir nada concluyente, pero al mismo tiempo, resulta interesante notar el giro semántico al que asistimos desde hace algunos años.

En relación a lo anterior podemos decir que esta tendencia ha cambiado poco, pues constato —permítaseme aquí hablar en primera persona— con mucha mayor preocupación un fenómeno cada vez más extendido en claustros de Educación Infantil y Primaria, y que al parecer también tiene cabida en Secundaria. Suelo referirme a ella como la escuela guay, o la escuela de lo guay. Quizá yo no he dado en los lugares adecuados, pero gran parte de las conversaciones que es posible oír en diferentes reuniones o leer en interacciones en internet donde participan profesionales de la educación en activo tienen como uno de sus criterios principales “lo guay”. En una era donde el acceso a la información —y a la buena información— puede ser llevada a cabo a golpe de clic, abunda, sin embargo, una preferencia por lo rápido y vistoso. Todo esto —o al menos así quiero creerlo— sin evaluar el impacto que puede llegar a tener el no entregar o reducir al mínimo posible una serie de conocimientos necesarios por el simple hecho de resultar tediosos, para que este lugar sea ocupado por experiencias más estimulantes que en ocasiones, apenas y tienen un sentido educativo o, en el peor de los casos, carecen del mismo. Y es que, sí… La buena información está disponible, pero hallarla y seleccionarla requiere no solo tiempo, sino también cierta familiaridad con la cultura científica, además de quizá, un puente que por lo pronto parece seguir en construcción entre la comunidad de investigadores y la escuela. No busquemos culpables, pero, al menos, identifiquemos nuestros posibles puntos débiles.

Aunque pudiera parecer atrevimiento, hablando únicamente desde la experiencia personal, no tendría muchos reparos en decir que, si hubiera de realizar un índice de frecuencias tras conversaciones formales o informales en cuanto a educación, la palabra “guay” ocuparía uno de los primeros lugares —siempre que limpiemos ese índice de artículos y preposiciones—. Y no, no estoy abogando por aquellos tiempos de los que hablaba Émile Durkheim en La educación moral, donde los propios estudiantes iban a recoger las ramillas con las que posteriormente serían azotadas sus espaldas, o aquella escuela más cercana en el tiempo a muchos, donde un profesor-cura —o cura-profesor— tenía total libertad para maltratar a un estudiante. Lo lúdico, motivante, emocionante —entre otros— puede y debe tener su espacio en la escuela, al final ¿no es todo esto parte de la experiencia humana? ¿Por qué excluirlo entonces? Sin embargo, cuando en ocasiones la labor del profesor es la de hacer parecerse la escuela más a un campamento de verano que a un lugar destinado a la formación intelectual y cívica tenemos un problema. ¿Ha aumentado la complejidad de las aulas en los últimos años? Sí. ¿Han de buscarse maneras de fomentar el gusto por el conocimiento? También. ¿Es esto sencillo? Por supuesto que no, pero reducir la labor del docente a la de un agente cuya mayor aspiración es la de ser un engranaje de una institución meramente asistencialista no solo es injusto, es peligroso.

Mucho me temo que esto no es más que un síntoma de un problema estructural mucho mayor, que hunde sus raíces en una sociedad que, aunque cree tener un espíritu comunitario fuerte es mucho más individualista y hedonista de lo que cree. ¿Consecuencia de abandonar la reflexión humanística para servir a intereses productivos? Quizá… No obstante, no corresponde reflexionar en torno a estas cuestiones aquí. Pero piénsese un poco en esto, de un tiempo a esta parte no es extraño que el tema del bienestar forme parte central de la agenda de los centros educativos, concentrando gran cantidad de esfuerzos y recursos en esto mismo y descuidando deliberadamente otro tipo de funciones escolares básicas. Nuevamente, no estoy abogando por abandonar a estudiantes que verdaderamente pueden estar lidiando con situaciones muy desafortunadas, aunque creo que es justo decir que en estas circunstancias las instituciones administrativas deberían dotar de recursos humanos con un perfil más apropiado que el de un profesional de la educación. Más bien, hago referencia a todas aquellas decisiones que se toman para evitar el malestar de estudiantes que no quieren intentar superar las dificultades que se pueden encontrar en sus periplos formativos, trayendo como consecuencia una bajada de listón generalizada en términos de contenidos. Me tomo aquí la licencia de traer a colación una idea recurrente de Alberto Royo, ¿no sería mejor ayudar a los estudiantes a superar las dificultades en vez de eliminarlas sin siquiera intentarlo? ¿No nos vamos a responsabilizar en algún momento de rendirnos en la tarea de entregar el conocimiento a nuestros estudiantes por no perturbar su tranquilidad? ¿No es esto acaso mezquino viniendo de personas que hemos vivido más y que hemos tenido que vivir en carnes que la vida no es siempre sencilla?

Ciertamente, como ya he señalado, no son tiempos fáciles. No se puede llegar a todo ni a todos, pero al menos, se puede intentar comprometerse día a día a llegar lo más lejos posible, incluso sabiendo que como ya dijo Freire en El maestro sin recetas, la educación tiene límites, pero sin perder de vista que aún pese a ello, la educación también es una herramienta de transformación social enorme, y si no, consúltense los datos ofrecidos por Steven Pinker en En defensa de la Ilustración y, al mismo tiempo, inténtese establecer una correlación entre los niveles de progreso y el aumento de acceso a la educación. Creo, sin temor a equivocarme, que todo ello no vino exactamente de la mano de la escuela que tiene por objeto último ser guay y mostrar a todo el mundo lo espectacular que puede ser, sino, muy probablemente, de aquella escuela que no sintió complejos al hablar de esfuerzo, paciencia y dedicación. Si bien es cierto, aunque en los últimos años hemos sido bombardeados por estas corrientes —especialmente desde las universidades y los medios de comunicación—, ideas que además parecen a priori bastante razonables, estamos en el deber de “leer la letra pequeña” y actuar con prudencia. Esto último es un acto de amor hacia la infancia, nuestra infancia, y una forma de entregarles la mayor cantidad de elementos posibles para que puedan enfrentarse a la vida.

Muchos miembros de la sociedad queremos una revolución, una revolución hacia un mundo más justo, más noble. Pues bien, quisiera cerrar esta reflexión recordando el inicio de El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, donde se nos pone en frente de tres adolescentes-jóvenes: Sofía, Carlos y Esteban, a quienes se nos describe absortos en una casa llena de libros, mapas, instrumentos náuticos, entre otras cosas. Es muy evocador que Carpentier haya elegido como antesala a los hechos de la revolución que vendría páginas más adelante a tres jóvenes, deseosos de conocimiento, situados ante los elementos depositarios del saber y de la cultura y que, muy posiblemente, eran también los depositarios e impulsores de las ideas de la revolución y el cambio. Tres jóvenes que, sin saberlo, estaban viviendo su propia experiencia “a hombros de gigantes”. El cambio que tanto anhelamos necesariamente paga el peaje de la reflexión y los codos, y aunque a veces pareciera que podemos estar segando en el océano, hemos de recordar que si no somos nosotros quienes nos entregamos a esta noble labor posiblemente no lo hará nadie más. El cambio es posible. Recuperar una escuela que pone en valor el conocimiento también. Ahora hay que contagiarlo, o, si se quiere, a manera de Unamuno, ahora hay que salir a agitar los espíritus.

Autor: Ricardo Reyes Soto

Profesor (heterodoxo) de religión. Graduado en Magisterio de E. Primaria (UAH).
Máster en América Latina y la Unión Europea: una cooperación estratégica (IELAT, UAH).
Doctorando en Teoría e Historia de la Educación (UAM) y asociado de OCRE.

 

Evaluar “competencias”. Carne para el matadero.

Una de las herramientas que el Nuevo Orden emplea para conseguir domar a los pueblos y convertirlos en masa dócil e impotente es la neutralización de la Educación. Que deje de existir la verdadera enseñanza y se sustituya por un simulacro.

En España, siguiendo directrices acaso muy similares a las de otros países del llamado “Occidente”, tal proceso de doma, castración y engaño de la masa, esto es, el proceso de reformas educativas vivido desde la llamada Ley “LOGSE” (1991) , fue siempre orientado en una misma dirección hasta hoy: consistió en eliminar la objetividad en el conocimiento.

En aquellos años ya se había extendido la estafa pedagogista. Esta estafa ideológica consistía en afirmar, contra toda evidencia, que la enseñanza “memorística” y excesivamente académica era mala, ineficaz y hasta reaccionaria. Fueron los años dorados de la Pedagogía. Un ejército de “científicos de la educación” que apenas había pisado otras aulas que las universitarias, y desconocían por completo los arcanos de las distintas especialidades académicas así como las peculiaridades de cada tramo de edad de los alumnos (en especial, los adolescentes), se lanzaron a romper con las tradiciones y supuestos malos hábitos de la enseñanza.

En la enseñanza franquista se transmitieron algunos malos hábitos que la propia sociedad, sin necesidad de pedagogo alguno, rechazó por obra la propia evolución de la misma, asumiendo valores más democráticos: se dejó atrás el castigo corporal, el elitismo económico, el favoritismo de las “buenas familias”. No obstante, con el rechazo del autoritarismo y la arbitrariedad de quien es más fuerte vino también un nefasto cuestionamiento de la autoridad, que aqueja gravemente a las aulas y a la juventud en su conjunto. Ni en la familia ni en las aulas hay autoridad en un gran porcentaje de casos en la España de hoy.

En todos estos cambios, los buenos y los malos, la contribución de los “científicos de la educación”, al menos en España, ha sido nula. No obstante, la omnipresencia de su jerga falsamente especializada, la compulsión a burocratizar y embrollar la labor de los maestros y profesores, etc. ha sido proverbial, con lo cual el balance que muchos docentes haríamos de la aportación de la Pedagogía a la mejora de la educación es más bien negativo. Comenzó siendo un adorno, ahora es claramente un estorbo y un elemento indispensable de nuestro naufragio como sociedad.

En el país, los primeros pedagogos que pudieron vivir de esa “ciencia de la educación”, se presentaron con un enfoque humanístico, personalista, o bien “constructivista”: las teorías de Piaget y la Escuela de Ginebra llegaron a ser palabra de Dios en el texto legal de la ley de educación que inició el desastre educativo español, la LOGSE, un desastre que tiene paralelos en todo Occidente. No obstante, la debacle incubada en los años 80 del siglo pasado por obra de los “científicos de la educación”, el catálogo de propuestas pedagógicas poseía la virtud de mostrar unas raíces antropológicas y metafísicas a las que remitirse cuando se trataba de discutir de dónde procedían tantos cambios. El personalismo neotomista, la teoría de los sistemas, el enfoque genético de Piaget… Todavía había una base filosófica y científica sobre la cual proponer reformas y debatir racionalmente. Aristóteles, Kant, Darwin… podían ayudarnos.

La pedagogía de hoy ya no es eso. Sus vocablos –extraños e inoperativos- no poseen base metafísica ni científica alguna.

La clave de que esto es así posee una rápida explicación: la pedagogía se ha convertido en una pseudociencia al servicio del Poder (si no lo fue desde el principio). Los grandes entramados institucionales del globalismo (UNESCO, OCDE, FMI, BM, UE…) poseen el poder suficiente para imponer su jerga, una jerga que no es mera hojarasca superestructural, sino que actúa como dispositivo de poder.

Estos entramados globalistas han decidido eliminar la objetividad de los conocimientos en el proceso educativo. Saben muy bien que un sistema de enseñanza basado en la objetividad de los conocimientos es más justo a nivel social, y es, potencialmente, un ascensor social. “El que sabe X, sabe X”, no hay vuelta de hoja. En un examen objetivo de conocimientos, el alumno puede demostrar que sabe mucho, poco o nada. Cualquier reclamación de notas por parte del estudiante o de su familia tendría fácil resolución: repitámosle el examen. Si a la segunda oportunidad la calificación es la misma o similar, se acaba el pleito.

En España, actualmente, con un sistema de evaluación “competencial”, proliferan las reclamaciones ante el embrollo legal en el que han enredado a los profesores. Todo el mundo estudiantil (y los miles de padres pícaros que hay en nuestro país, que no es el de Quijote sino el de Lazarillo) acaba aprobando y saliéndose con la suya, obteniendo títulos sabiendo nada, puesto que la ley consagra la subjetividad, y no el conocimiento objetivo

Evaluar conocimientos no es, ciertamente, evaluar la totalidad de dimensiones que toda persona va desarrollando a lo largo de su etapa de formación. Un chico que “sabe mucho” quizá no sea buen ciudadano, hijo ejemplar, demócrata a carta cabal, feminista convencido y consumidor responsable con escasa huella ecológica. Posiblemente no, pero por lo menos el sistema educativo puede en este caso evaluar objetivamente (léase justamente) si lo que persigue es evaluar conocimientos.

Evaluar “competencias” es evaluar nada. Se trata de una metáfora tan inaprensible como todas las que rellenan los libros de pedagogía. Dice el diccionario de la RAE: “competencia [acepción nº 2]: “Pericia, aptitud o idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado.”  Esto estaría bien si habláramos de arreglar una cañería o conseguir que el motor de un coche arranque. Esto mismo es absurdo si hablamos de aprender matemáticas, historia o filosofía. La solución de los pedagogos y de sus amos del “globalismo educativo” consiste en desmenuzar una competencia en no sé cuántos criterios, cada cual más abstracto. Aquí se ve muy bien la deriva de Occidente: a fuer de querer ser muy práctico (tienes X pericia o no la tienes), el sistema educativo acaba siendo el más abstracto, pues lo práctico se evalúa hoy –en la actual ley Celaá- con criterios abstrusos e ininteligibles, numerosos y vaporosos.

El camino hacia la reconquista de la Educación objetiva solo puede ser el inverso. Hay que poseer conocimiento serio, objetivo y riguroso, y entonces, sólo entonces, puede (puede en el sentido de posibilidad no siempre cumplida) uno acabar siendo competente.

Tanta necedad conceptual queda consagrada con la necedad sumisa de miles de docentes, inspectores, orientadores y demás colectivos que acatan y aceptan esta farsa. Todos cierran los ojos: Occidente se está descualificando masiva y aceleradamente. Avanza rápido hacia una sociedad muy desigual, en la que unos pocos “conocen” y una masa de pobres e ignorantes presumen de ser “competentes” porque lo dice un título inflacionario, con escudo oficial estampado y firma de SM el Rey. Y también porque –previamente- estúpidos chismes, como los “cuadernos digitales de evaluación”, calculan que cien criterios, a cual más abstruso y arbitrario, y certifican que tal joven es… competente. Estamos mandando carne para el matadero.

 

Sobre el autor:

 

¡PARTICIPA EN VIVO! «La educación Primaria desde los ojos de un director»

Seguimos con el siguiente ¡PARTICIPA EN VIVO! de junio que organizamos desde OCRE, que recordad tiene la peculiaridad de ser totalmente interactivo entre todas las personas que se inscriban, porque estarán en abierto de sonido y cámara, participando directamente con el ponente. Recordad que lo grabaremos para poder hacer la difusión posterior, pero para que pueda haber un poco de control entre los participantes, sólo enviaremos el enlace de acceso a las 30 primeras personas que se inscriban; así que, si os interesa el tema, no os lo penséis mucho. Y si por algún motivo no pudierais asistir os rogamos que nos enviéis un correo (associacio.ocre@gmail.com) para que podamos avisar a la siguiente persona inscrita.

Bien, pues os informamos ya del quinto ¡PARTICIPA EN VIVO!, organizado por OCRE (Observatori Crític de la Realitat Educativa, Asociación OCRE):

Título:

«La educación Primaria desde los ojos de un director»

¿Qué complicaciones plantea desarrollar las disposiciones de la actual normativa? ¿Cuál es el sentido de esta nueva burocracia escolar? ¿Requisitos para una convivencia productiva en el aula? ¿Qué reformarías de la escuela de hoy? ¿Qué papel corresponde a las familias en Primaria?

(para familias y docentes de cualquier etapa educativa y cualquier comunidad/ciudad autónoma)

Fecha y ponente:

26 de junio de 2025, entre las 18:30 y 20 horas, celebraremos una ponencia interactiva, con Toni García Arias, maestro y director del Colegio Joaquín Carrión de Murcia, con más de treinta años de experiencia y profesor del Máster de Psicopedagogía y del Máster de Dirección, Liderazgo y Gestión de centros educativos en la Universidad Internacional de Valencia.

Asimismo, es miembro del Consejo Asesor Iberoamericano de la Fundación Iberoamericana de Educación. Ha escrito diversos libros y artículos de educación, participa en programas de radio y televisión de manera habitual y da conferencias y charlas tanto en España como a nivel internacional.
Gracias a sus proyectos y a su trayectoria, ha sido galardonado, entre otros, con el Premio al Mejor docente de Primaria Educa Abanca 2018, el Global Teacher Award 2021 y finalista de los Global Teacher Prize 2023.

Nuestro compañero Andrés Rivera, hará de presentador, moderador y os compartirá en el chat información relevante sobre Toni García; así que, mantenerlo abierto.

En el siguiente enlace tenéis el formulario para enviar vuestras preguntas y/o inscribiros para participar en directo en la sesión:

¡Participa en vivo! La educación Primaria desde los ojos de un director

(puedes enviarnos cualquier pregunta sin necesidad de inscribirte o participar en vivo, que se intentarán contestar en directo; y si no diera tiempo, subiremos a nuestra web un post con todas las respuestas a las mismas por parte de Toni, que nos hará llegar por correo).

Sería muy recomendable, dado que solo daremos paso a 30 personas en directo, que os inscribáis aquellas personas que verdaderamente queráis interactuar con ellos.

Esperamos que sea de vuestro interés este nuevo ¡PARTICIPA EN VIVO! y os iremos informando de los siguientes, que seguiremos mejorando según las cuestiones que van surgiendo y con vuestra colaboración nos vais sugiriendo.

Saludos desde la Junta directiva de OCRE.

La Universidad de València permite matricularse a las PAU, en primera convocatoria, a alumnos sin el título de Bachiller y pendientes de que se resuelva su reclamación en Inspección

OCRE (Observatorio Crítico de la Realidad Educativa) expresa su perplejidad ante la medida que no encuentra respaldo explícito en ninguna resolución legal. Pues, tanto el BOE como la normativa de la Generalitat Valenciana exigen que el alumnado tenga el título de Bachiller para presentarse a las PAU. Permitir una matrícula a las pruebas mediando una reclamación supone una incitación a reclamar que menoscaba el trabajo de profesores y fomenta una cultura de la reclamación injusta para todos. Además, una reclamación de un/a alumno/a debe seguir el procedimiento dictado en la orden 32/2011 del 20 de diciembre, cuyo artículo 5 1 establece el procedimiento para reclamar, que tiene un recorrido dentro del centro educativo, hasta llegar a “recurso de alzada” que es lo que dirime Inspección.

Una lectura simplista del tema puede deducir que este procedimiento de matriculación beneficia al alumno. Pero hay que analizar la situación con rigurosidad. La normativa vigente para la evaluación de 2º de Bachillerato indica que, un/a alumno/a con una asignatura suspendida en junio (es decir, pasadas las pruebas de recuperación) puede obtener el título si cumple estos condicionantes: si no ha abandonado la materia voluntariamente, si la junta de evaluación creo oportuno que obtenga el título y, si la media de todo el bachillerato (incluida la nota de la materia suspendida) es 5. Con esta normativa, es extraordinariamente difícil que un alumno quede sin titular por una materia y, por tanto, todos los/las alumnos/as que han suspendido una materia en mayo, y que desean hacer las PAU, van a la prueba de selectividad en julio, en la segunda convocatoria.

La nueva forma de matriculación supone la novedad de que alumnos con una materia suspendida pudieran ir en primera convocatoria de PAU, sin que el alumno haya hecho todavía el examen de recuperación en su centro; es decir, sin haber acabado el curso lectivo. Se supone que esto beneficia al alumno.

Beneficiar al alumno es (a juicio de los integrantes de OCRE): darle la oportunidad de acabar el curso, recuperar la materia que le queda pendiente, y prepararse bien para el selectivo. El/la alumno/a debe tomar conciencia de que no se presenta a la primera convocatoria de PAU porque ha fallado en algo, pero que puede enmendar su error y mejorar nota. Tanto si mejora la nota como si no, obtendrá el título por aplicación de la normativa e irá a selectividad, si lo desea, en julio.

La nueva fórmula de matriculación no beneficia al alumnado.

Perjudica:

  1. A todos aquellos/as alumnos/as que sacan el curso bien, sin recurrir a reclamación, y que tenían la “ventaja” de acudir en primera convocatoria, pues, con esta norma, se vulnera su derecho a la equidad.
  2. A las familias cuyo hijo reclama, a las que se somete a un lío monumental para saber si su hijo pasa de curso o no; si puede o no ir al examen de PAU; si hará ese examen en la misma clase del grupo u otra; si valdrá esa nota; si llegará a hacer el examen…
  3. Al profesorado, que ve cuestionada su nota y tiene la espada de Damocles de unas reclamaciones que, además, o se saltan el protocolo legalmente establecido, o se harán demasiado rápido para ser justas.
  4. A la Inspección, que puede tener avalancha de recursos de alzada cuya resolución (si es acorde a la legalidad) lleva tiempo y carga de trabajo burocrático. Además de requerir de profesionales de las especialidades.
  5. A la Conselleria d’Educació, que da indicaciones a los centros sobre procesos que no cuentan con aval legal publicado en diario oficial alguno.
  6. A la Universidad, que está diciendo a los centros que matriculen a sus pruebas a alumnado que NO tiene el título de bachiller, aceptando así su progresiva degradación.
  7. Al Ministerio de Educación, que va a tener difícil explicar que algunas comunidades permitan esto y otras no. Y, cuidado, esto no tiene que ver con la DANA, que ha supuesto otras medidas para el selectivo.
  8. Al sistema educativo, que está degradándose a marchas forzadas y que, por no tener, no tiene ni profesionales de relevo.
  9. A la sociedad que, con la falacia de ejercer la protección del joven, vulnera el mayor de sus derechos: recibir una educación honesta, digna y cargada de verdadera formación.

 

OCRE solicita la retirada de esta parte de las instrucciones de matriculación e invita a la Universidad de València y a la Conselleria d’Educació a reflexionar y dialogar (seriamente) y -si no es mucho pedir- teniendo en cuenta al profesorado. OCRE apela al sentido común de las familias para que apoyen a nuestros estudiantes y les den la oportunidad de acabar un curso con tranquilidad, asumiendo con honestidad sus logros y sus errores.

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Anexo 1 (pág. 19 del documento enviado a los centros de secundaria objeto de la polémica)

Procedimiento de matrícula de la PAU para el estudiantado que esté pendiente de resolución de reclamaciones de su calificación de Bachillerato.

En el caso de que un estudiante haya pedido reclamación sobre sus calificaciones de bachillerato y no pueda matricularse en la PAU hasta que se le considere aprobado el Bachillerato, el procedimiento a seguir será:

a) El centro educativo matriculará al estudiante en la PAU con una nota provisional de bachillerato de 4,99.

b) La Inspección Educativa o la Dirección Territorial correspondiente informará de los casos que haya pendientes de resolución a la Comisión Gestora de los Procesos de Acceso y Preinscripción (vía el Coordinador General de la PAU). También el centro educativo de cada estudiante/a lo comunicará a su universidad para que ésta gestione la posible ubicación en aulas del tribunal de las PAU del estudiantado

c) La Inspección Educativa estudiará y resolverá las reclamaciones lo antes posible, preferiblemente a más tardar el día anterior al del comienzo de las PAU. Aunque no esté formalizada la resolución definitiva, podrá comunicar del resultado de la resolución lo más pronto posible para poder informar al estudiante antes del comienzo de la PAU.

d) En caso de que el estudiante aprobara el bachillerato con anterioridad al primer día de la PAU, la Inspección Educativa lo comunicará a su centro educativo y también a la Comisión Gestora de los Procesos de Acceso y Preinscripción (vía el Coordinador General de las PAU). También se le comunicará al estudiante/a que puede presentarse a las PAU, en la correspondiente convocatoria.

e) Caso de que el estudiante no tenga la resolución de la reclamación con anterioridad al primer día de la PAU, el centro educativo se pondrá en contacto con su universidad y le comunicará la información de la matrícula en la PAU. El centro educativo matriculará al estudiante como uno más.

f) Al estudiantado que esté en esta situación, se le permitirá presentarse a la correspondiente convocatoria de la PAU, haciéndole saber que el resultado de la PAU será provisional y estará condicionado por el aprobado o no del bachillerato en la correspondiente convocatoria. No se le comunicarán las calificaciones de la PAU si no aprobara el bachillerato y también se le anularía la matrícula en la PAU.

g) En el caso de aprobar el bachillerato, mediante la resolución definitiva se modificarán las notas del expediente de bachillerato, cambiando la nota provisional de 4,99 por la definitiva. En el caso de no aprobar el bachillerato se procederá a borrar toda la matrícula en la PAU del estudiante.

Importantísimo: El centro tendrá que matricular a este estudiantado para las PAU pero en la nota de bachillerato hará constar un 4.99. La aplicación ITACA permite matricular así.

Este procedimiento solo se hará para estudiantado que no haya aprobado ya el bachillerato. No se matriculará de esta forma a estudiantado pendiente de reclamaciones de notas de bachillerato que sí que haya aprobado ya el bachillerato.

 

Anexo 2 (parte de la legislación vigente)

COMISIÓN GESTORA DE LOS PROCESOS DE ACCESO Y PREINSCRIPCIÓN UNIVERSITARIA

TERCERO. Participación en la PAU. 1. Podrán presentarse a la PAU quienes hayan obtenido el título de Bachiller en los Centros educativos de la Comunitat Valenciana, con independencia de la modalidad y, en su caso, las vías cursadas.

Núm. 10074 / 26.03.2025 1 / 10 III. ACTOS ADMINISTRATIVOS C) OTROS ASUNTOS Conselleria de Educación, Cultura, Universidades y Empleo.

 

Anexo 3 (DOGV sobre reclamaciones)

https://dogv.gva.es/datos/2011/12/28/pdf/2011_13033.pdf

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1 DOGV Nº6680 28.12.2011

IV Congreso de Expertos Docentes para un Análisis Crítico de la Educación: ¿Cuáles son los retos de la escuela del siglo XXI? La recuperación de la educación como ascensor social.

El Observatorio Crítico de la Realidad Educativa (OCRE) y la Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía (APIA) organizan el IV Congreso de Expertos Docentes para un Análisis Crítico de la Educación, edición que se celebrará en la IES Martínez Montañés en el barrio de Nervión en Sevilla el viernes, 24 y sábado, 25 de octubre.

Este encuentro, de alcance nacional, servirá para analizar la situación de la enseñanza en nuestro país y las posiciones que diversos académicos y docentes sostienen para mejorar la actual crisis educativa.

Las dos ponencias centrales, y por este orden, correrán a cargo de Inger Enkvist, catedrática de filología española en la Universidad de Lund (Suecia) y autora de varios libros sobre educación como La buena y la mala educación. Ejemplos internacionales y Carlos Javier González Serrano, profesor de Filosofía y Psicología y orientador de Bachillerato, y director científico del Café del Observatorio Social de la Fundación «la Caixa».

Durante las dos jornadas tendrán lugar también tres comunicaciones breves y tres mesas redondas en formato tertulia, con la participación de cuatro expertos docentes en cada una de ellas, para abordar problemáticas de plena actualidad: prioridades en los primeros años de escolarización en infantil y primaria, el objetivo y papel que debe jugar la escuela en las sociedades actuales, así como el importante proceso de evaluación. Contarán con la participación de profesores y escritores como Olga GarcíaAndrés RiveraBianca ThoilliezAntonio Iván RodríguezElena GonzálezRamón Rodríguez GalánBelinda HaroDavid CerdáEmilio CanalesJavier Mestre y Silvia Toscano Rodríguez bajo moderación de Andrés RiveraMiguel Ángel Tirado y Paco Benítez.

Este IV Congreso se organiza con el objetivo de que la participación tenga un carácter plural con diversas y distintas miradas sobre aspectos clave del sistema educativo, y teniendo en cuenta que los datos emanados de los resultados de las pruebas evaluativas internacionales (PIRLS, TIMSS y PISA) no dejan de describir una situación de crisis profunda en nuestro sector. El objetivo último del congreso es extraer medidas y posibles soluciones para sanar todos los males del sistema educativo actual: falta de aprendizajes básicos y decisivos en primaria que repercuten en la formación posterior, altos índices de malestar socioemocional de nuestro alumnado, falta de correspondencia entre índices de promoción y titulación y aprendizaje y competencia real del alumnado, la introducción acrítica de la tecnología en las aulas sin analizar si su impacto es positivo, la excesiva burocracia, la ola cada vez más grande de docentes con malestar mental que lleva a muchos a abandonar la profesión, los altos grados de conflictividad entre alumnos y a profesores, el empobrecimiento de los currículos, o una evaluación incomprensible y subjetiva.

Escuchando a expertos, académicos y especialmente a docentes como legítimos conocedores de la realidad diaria en las aulas de primaria y secundaria, esperamos aportar un poco de luz para revertir la actual situación y encaminarnos hacia un sistema que ponga en valor el conocimiento y no baje los estándares académicos y de comportamiento con la introducción de ideas y/o metodologías no avaladas ni por la evidencia empírica ni por la investigación científica, y que proporcione una formación de calidad que permita el progreso de todo tipo de alumnado, en especial el de entornos socioeconómicos humildes. Nuestro deseo es que mediante este congreso se genere un debate profundo que informe, reflexione, analice, debata, contraste e implique al conjunto de la ciudadanía para fortalecer la educación en nuestro país, uno de los pilares para la calidad democrática y la mejora del tejido social y laboral, así como de desarrollo personal, de los ciudadanos.

 

Más información y contactos:

Web del IV Congreso: Congreso Ocre (https://ivcongreso.asociacionocre.org), donde podéis ver nuestro vídeo promocional, consultar la programación completa y descargarla, información de todos los participantes, el lugar y ubicación del IES Martínez Montañés donde se realizará, visualizar todos los vídeos de los tres congresos anteriores, un espacio para la prensa donde aparecerán los artículos de los medios que nos publiquen y, por supuesto, el acceso para que os inscribáis. Todo ello para que lo compartáis, por favor, por tierra, mar y aire.

Asociación OCRE, Observatorio Crítico de la Realidad Educativa

associacio.ocre@gmail.com

APIA, Asociación de Profesorado de Instituto de Andalucía

info@aso-apia.org

Enlaces de los tres congresos anteriores:

I Congreso de Expertos Docentes (Valencia)

II Congreso de Expertos Docentes (Barcelona)

III Congreso de Expertos Docentes (Madrid)

Etiquetas: Inger Enkvist, IV Congreso de Expertos Docentes en Sevilla, Retos de la escuela del siglo XXI, La educación como ascensor social, Carlos Javier González Serrano, Importancia de los primeros años de escolarización, La función de la escuela desde la Filosofía y la Cultura Clásica y La evaluación a debate.

¡PARTICIPA EN VIVO! «Retos y paradojas de la enseñanza del francés en España: ¿Cómo promover el plurilingüismo en un sistema educativo de espaldas a Europa?»

Seguimos con nuestra nueva actividad y toca el ¡PARTICIPA EN VIVO! de abril-mayo que organizamos desde OCRE, con la peculiaridad de ser totalmente interactivo entre todas las personas que se inscriban, porque estarán en abierto de sonido y cámara, participando directamente con los ponentes. Recordad que lo grabaremos para poder hacer la difusión posterior, pero para que pueda haber un poco de control entre los participantes, sólo enviaremos el enlace de acceso a las 30 primeras personas que se inscriban; así que, si os interesa el tema, no os lo penséis mucho. Y si por algún motivo no pudierais asistir os rogamos que nos enviéis un correo (associacio.ocre@gmail.com) para que podamos avisar a la siguiente persona inscrita.

Bien, pues os informamos ya del cuarto ¡PARTICIPA EN VIVO!, organizado por OCRE (Observatori Crític de la Realitat Educativa, Asociación OCRE):

Título:

«Retos y paradojas de la enseñanza del francés en España: ¿Cómo promover el plurilingüismo en un sistema educativo de espaldas a Europa?»

Reflexiones sobre la enseñanza del francés, en un momento en el que las políticas educativas están provocando una pérdida del alumnado de Segunda Lengua Extranjera.

¿A qué retos se enfrentan los docentes de esta especialidad? ¿En qué situación quedan los estudiantes? ¿Por qué no se siguen las recomendaciones europeas?

(para cualquier etapa educativa y cualquier comunidad/ciudad autónoma)

Fecha y ponentes:

8 de mayo de 2025, entre las 18:30 y 20 horas, celebraremos una cuádruple ponencia interactiva, con Antonio Gallego, presidente de la FEAPF, Anne Le Poupon, presidenta de FLECOVAL, Teresa Menadas, Catedrática de Francés y Marisol Hoyos, también Catedrática de Francés, miembro de OCRE y profesora de secundaria en Valencia.

Nuestra propia compañera Marisol Hoyos, además de ponente, también hará de moderadora, presentando un breve resumen de la biografía de todos los participantes y os compartirá en el chat información relevante sobre ellos y las asociaciones FEAPF, Federación Española de Asociaciones de Profesorado de Francés, y FLECOVAL, de Profesorado de Lengua Extranjera de Francés en la Comunidad Valenciana.

En el siguiente enlace tenéis el formulario para enviar vuestras preguntas y/o inscribiros para participar en directo en la sesión:  ¡Participa en vivo! Retos y paradojas de la enseñanza del francés en España

(puedes enviarnos cualquier pregunta sin necesidad de inscribirte o participar en vivo, que se intentarán contestar en directo; y si no diera tiempo, subiremos a nuestra web un post con todas las respuestas a las mismas por parte de Antonio, Anne, Teresa y Marisol, que nos harán llegar por correo).

Sería muy recomendable, dado que solo daremos paso a 30 personas en directo, que os inscribáis aquellas personas que verdaderamente queráis interactuar con ellos.

Esperamos que sea de vuestro interés este nuevo ¡PARTICIPA EN VIVO! y os iremos informando de los siguientes, que iremos mejorando según las cuestiones que van surgiendo y con vuestra colaboración nos vais sugiriendo.

Saludos desde la Junta directiva de OCRE.